¿Se convertirá Google en la Biblioteca Universal del futuro?

Patricia Kolesnicov
pkolesnicov@clarin.com

Si
el paraíso es una biblioteca -así lo pensaba Borges-, imaginen si esa
biblioteca fuera infinita y si la puerta a ella estuviera en el living
de casa. ¿Ilusionados? Cuidado: ahora imaginen que esa biblioteca fuera
infinita y la puerta estuviera en el living pero que la llave la
tuviera una y sólo una gran empresa. ¿Es así, tentador y peligroso, el
proyecto Google Books, que Google lleva adelante en gran parte del
mundo y por el que pretende subir libros a Internet? Algunos temen sus
riesgos, otros alaban sus ventajas, muchos creen que tratar de
detenerlo es como tapar la luna con un dedo.

Desde la empresa, Marco Marinucci traza su paraíso: "Nuestra idea es tener todos los libros posibles".

-¿Hay un número estimado?

-El número pensado es todos. Como siempre, todos.

Primero
hay que entender cómo funciona Google Books: por un lado, Google hace
convenios con editoriales para subir a Internet sus libros -tanto el
catálogo como las más resplandecientes novedades-, en el porcentaje que
la editorial acuerde con ellos. Por otro, los hace con bibliotecas,
para que les permitan escanear sus libros y subirlos a la red. Si son
libros con derechos de autor, asegura Google, sólo se muestra una parte
significativa si el propietario de esos derechos lo autoriza. Y si no
lo hace, se pone un pedacito mínimo y las referencias básicas del
libro. En cambio, si el libro ya es de dominio público, Google lo
escanea completo y pone todo su contenido a disposición de quienes
hagan una búsqueda.

Google es un buscador y claro, dice Marinucci, lo que hace es buscar. Aquí, buscar libros pero también dentro
de los libros. En el primer caso, se buscan como en una librería: por
título, por autor. Una prueba: vaya usted a books.google.com.ar y
escriba las palabras "Domingo" y "Sarmiento" y le saldrá una serie de
libros en los que se nombra a Sarmiento o escritos por él. Si usted
elige Viajes lo podrá descargar. O podrá bucear en
él. Otra forma de búsqueda es por una frase significativa. ¿Dónde dijo
Borges eso del paraíso y la biblioteca? Escriba "paraíso", "biblioteca"
y "Borges" y aparecerán muchos libros en los que se cita el poema.
Pero, por los derechos de autor, no siempre estarán completos.

"El
punto -dice Marinucci- es que en la misma base de datos los usuarios
puedan encontrar libros de editoriales y otros de dominio público.
Luego nosotros los mostraremos de manera diferente".

¿Cómo se
hace esto? Primero se carga el contenido del libro en una base de
datos: eso es "indexar". "Si estás buscando una frase sobre la teoría
de la relatividad, te enseñamos que hay un libro donde en la página 266
se habla exactamente de este tema. Si no tenemos derechos, te decimos
dónde lo puedes encontrar. Te decimos quién es el autor y en qué sector
está y los usuarios lo podrán hallar directamente en la biblioteca".

Efectivamente,
los libros suelen aparecer con una información adjunta: las librerías
cercanas al lugar de conexión donde se puede comprar el texto al que se
ha llegado o la biblioteca de donde se lo puede sacar. En España,
permite incluso buscar una librería local: aparece un mapa y la señala.
En Argentina, estas dos cosas son precarias todavía: para comprar,
aparecerá un vínculo a una librería online donde el libro puede estar o
-al ritmo que pasan los libros a saldo- ya no. Y las bibliotecas por
ahora no están cargadas.

Este paraíso, sin embargo, tiene
detractores: el año pasado, el mayor grupo editorial francés, La
Martiniere, denunció a Google por "copia y ataque al derecho de
propiedad intelectual" por los libros escaneados de bibliotecas. La
empresa estadounidense propuso que quien no quiera ver sus obras en la
red pida que se las retire, pero esto no conformó a los demandantes.

En
el mundo editorial nadie lo termina de decir claramente y en voz alta,
pero se preguntan qué hará Google con sus libros mañana. Por el
momento, dicen, es una forma más de darle visibilidad a los libros,
algo particularmente atractivo para las editoriales chicas. Pero "¿Y si
mañana se les ocurre vender los contenidos de los libros de manera
total o fragmentaria?", pregunta un editor exigiendo discreción. "Y si
se les ocurre negociar los derechos electrónicos con los autores
directamente?" Para cuando ello ocurra, advierte: "Ellos ya tendrán en
su poder el elemento más codiciado, los archivos".

Marinucci dice que su negocio no es vender libros sino generar tráfico en Internet. Más tráfico, más publicidad: click, caja.

Respetamos la ley, dirá Marinucci de muchas maneras. Pero Internet trasciende los países. Entonces: ¿qué ley?

"El
75 por ciento de los libros -aporta Marinucci- ni son de dominio
público ni se pueden encontrar en librerías. En Estados Unidos, la ley
dice que se pueden hacer copias digitales de obras que todavía no están
en dominio público si no afecta el comercio de quien tiene los
derechos. Entonces las bibliotecas dentro de los Estados Unidos pueden
hacer fotocopias o digitalización de libros".

-Pero yo podría comprar un libro en un país con una ley y digitalizarlo en otro, con una ley diferente.

-Un proyecto tan grande toca aspectos del derecho editorial, del derecho de autor, del derecho internacional también.

-¿Los editores tienen miedo de que, si se digitalizan, sus contenidos sean pirateados?

-La
piratería ya existe. Los libros están en la red hoy. La idea es tener
una herramienta con la que puedas manejar con seguridad qué se hace con
ellos y los ingresos que generan. Eso es tener una línea para evitar
que pase lo que ya pasó con la música.

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