Pueblos con más librerías que habitantes

Ese es el modelo que ha funcionado en los pueblos franceses, belgas, alemanes y británicos que decidieron seguir el camino del pionero Hay-on-Wye (País de Gales) para revitalizar zonas rurales en decadencia o para aprovechar infrautilizadas potencialidades de ocio. Y es el ejemplo, aunque en términos más modestos, que intentarán seguir los dos proyectos españoles de ‘villas libreras' en marcha: Urueña (Valladolid) y Albalate de las Nogueras (Cuenca)

Son proyectos que han optado por estrategias diferentes. La villa del libro de Urueña es una iniciativa de la Diputación de Valladolid que contempla la creación de un espacio específico (E-lea) para centralizar las actividades y la apertura de diez locales en torno al libro, uno de ellos institucional. En el caso de Albalate de las Nogueras se ha apostado por rehabilitar edificios representativos de la arquitectura de la región e instalar en ellos los establecimientos libreros. La Junta de Castilla-La Mancha, a través de su empresa pública ‘Don Quijote 2005', ha proporcionado 250.000 euros en la rehabilitación y puesta en funcionamiento de viejos inmuebles.

Ambos tratarán de aprovechar el potencial de sus regiones intentando atraer a un destinatario especialmente interesado en lo cultural y que cada vez demanda más actividades diferentes para su tiempo de ocio. Según Juan Carlos Olea, Jefe del Área de Bienestar Social de la Diputación Provincial de Valladolid, "mucha gente no se desplaza a lugares desconocidos si no hay una oferta amplia que abarque desde lo gastronómico hasta lo cultural. Nosotros hemos querido poner en marcha una iniciativa que, además de buscar la reactivación del pueblo y de potenciar nuevas posibilidades laborales, sea muy respetuosa con el patrimonio". Ha de destacarse que el proyecto de Urueña como villa librera está enteramente impulsado, siguiendo el ejemplo francés, por la iniciativa pública, ofreciendo, entre otras ayudas, locales a precio simbólico, con la intención de que sea la acción privada la que después asuma el proyecto como propio.

Preferencia por el libro viejo y de ocasión

Pero la iniciativa también puede tener implicaciones para el sector. Los negocios que suelen instalarse en esos pueblos remozados son librerías de viejo, antiguo y ocasión, un tipo de establecimiento cuyas formas de obtener ingresos están evolucionando. Según Nicolás Poyato, presidente de Uniliber.com, asociación que agrupa a 118 profesionales del sector, se está operando un desplazamiento desde los lugares físicos (librerías, ferias) hacia la venta por Internet. "En el libro antiguo y de ocasión el comprador habitual suele conocer a los libreros, sigue en contacto con ellos durante el año, sabe qué le ofrecen. De modo que acude a Internet, busca lo que quiere, compara precios y lo encarga en la red. Es cómodo porque te llevan el libro a casa, puede ser más barato si se encuentran ofertas y, al haber confianza en los libreros, no se teme un producto en mal estado o problemas con los envíos".

De este modo, Internet puede ser una oportunidad de expansión para el sector, pero también un problema de envergadura tanto para los establecimientos físicos como para las iniciativas de las villas libreras. Para Nicolás Poyato, la clave para que estos proyectos se levanten correctamente pasa por "atraer una presencia importante de libreros y por ubicarlos en lugares con suficiente atractivo turístico".

Michelle Chevalier, secretaria general de CEGAL, asociación que agrupa a los libreros españoles (dedicados a las novedades), ve la iniciativa como positiva. "Las experiencias europeas subrayan que se trata de un buena solución porque permite dar nueva vida a pueblos (o zonas de una ciudad) económicamente en decadencia". Lo que ocurre, según Chevalier, es que, para conseguir el objetivo, debe elegirse bien el entorno geográfico y dotar de atractivos específicos al pueblo.

Hay-on-Wye, el pionero

Hay-on-Wye, pueblo pionero y referencia ineludible, cuenta con una serie de actividades que incluyen un festival musical y otro de literatura que, además, se exporta a otra ciudad todos los años y que en esta edición se celebrará (24-26 de septiembre) en Segovia. Pero esas macroactividades, siendo importantes para dar a conocer los proyectos, no bastan. En primer lugar, no son necesariamente rentables. "No hay que pensar solamente en los autores; montar un festival durante un fin de semana cuesta mucho, y no sólo económicamente. En ocasiones, las editoriales son reacias". Y, como segundo aspecto, "los autores atraen a la gente, es cierto, pero hay que pensar paralelamente en actividades de menor envergadura pero que son las que terminarán por hacer atractiva la oferta".

Es el caso, según Chevalier, "de esos pueblos, como Montmorillon, que cuentan con calígrafos artísticos, árabes y chinos, que realizan trabajos particulares y que también enseñan el oficio. O de quienes han puesto en marcha una infraestructura de alojamiento y clases para niños, que en el tiempo de estancia pueden hacer su propio libro con métodos antiguos".

Aunque, además de la inversión, la presencia de libreros, la configuración de plan atractivo de actividades y la existencia de atractivos paisajísticos y gastronómicos, existe una clave, en opinión de Chevalier, para que el proyecto realmente funcione: "Hay que aunar esfuerzos; tiene que haber una implicación muy directa del pueblo y una tarea común continuada para que realmente pueda llevarse adelante. Si sólo arriman el hombro las instituciones, estas iniciativas fracasarán".

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