Orhan Pamuk, premio Nobel

La sensibilidad del premio Nobel de Literatura 2006, el escritor turco Orhan Pamuk (Estambul, 1952), está sintonizada con el pulso de nuestro tiempo. Su obra aborda los problemas experimentados por el hombre en la búsqueda de una identidad, lo que le lleva a confrontar los dilemas sociales del presente. Los más prominentes serán el enfrentamiento entre Oriente y Occidente, entre musulmanes y cristianos, la defensa de los derechos humanos del hombre y la cuestión del terrorismo, los temas que precisamente le han hecho universalmente famoso en Europa y Norteamérica. Su producción literaria se ha insertado en el debate político del presente debido en gran parte a las actuaciones de los ultranacionalistas turcos, que lo acusaron de traición por las declaraciones hechas a un periódico suizo (2005) sobre la matanza en 1905 de más de un millón de armenios y treinta mil kurdos. Su posterior absolución de los cargos mostró el diferente aprecio que goza entre compatriotas y entre extranjeros. Muchos turcos le reprochan su conducta, el sacar a la luz pública los trapos sucios de su historia. La élite literaria occidental apoyó fuertemente a Pamuk, declarándole una especie de Zola actual, lo que constituyó una buena ocasión para que los autores famosos, Günter Grass y José Saramago, entre otros, se sintieran inspirados por un nuevo héroe intelectual.

Pamuk ofrece un perfil de escritor muy particular. Es un hombre de apariencia bondadosa, tranquila, que redacta sus textos en la misma casa de apartamentos donde creció, situada en la orilla europea de Estambul, mirando al Bósforo. Recibió una educación privilegiada, como correspondía a un miembro de la alta burguesía adinerada; sus abuelos, ingenieros de profesión, labraron la fortuna familiar con el negocio de la construcción de los ferrocarriles. Acudió a una escuela laica, la Americana de Estambul, donde se enseñaba en inglés y en turco. Finalizado el bachillerato fue a la universidad de Estambul para estudiar arquitectura. Corría el año 1970, por entonces soplaban aires marxistas e izquierdistas en las aulas, sin embargo el hoy laureado se mantuvo al margen, aprovechando el tiempo para sumergirse en la lectura de los textos canónicos de la literatura moderna universal, desde los eminentes novelistas rusos del siglo XIX a Proust o Virginia Woolf. Curiosamente, su vocación entonces era la de pintor, inaceptable para la familia. Tras abandonar la escuela de arquitectura, tres años después, se matriculó en Periodismo para no ir al ejército.

Durante este período universitario escribió dos novelas. La primera, una saga familiar clásica, Cevdet Bey y sus hijos (1979), dedicada a contar la historia de sus abuelos, y que hoy rehúsa publicar de nuevo, porque desentona con el resto de su obra. La casa del silencio (1983) fue su segunda ficción, y aunque sigue también un formato argumental tradicional viene contada desde diversos puntos de vista, con lo que se evidencian las lecturas, entre otras de William Faulkner. Lo importante resulta que ya comienzan a aparecer en el texto los temas centrales de su obra futura. Se trata de la historia de un abuelo muerto que visita la memoria de su mujer. Este hombre, una especie de ilustrado, que vive en los momentos finales del imperio otomano, constata la diferencia de conocimientos entre la cultura oriental y la occidental y decide remediarla escribiendo una enciclopedia. Los proyectados cuarenta y siete tomos ofrecerían a los turcos suficiente información para cerrar el hueco de conocimientos.

Su primer éxito vendría con la siguiente obra: El astrólogo y el sultán (1985). El texto evidencia una fuerte influencia de Jorge Luis Borges y de Italino Calvino, y es la primera novela traducida al inglés. Como le sucedió a Gabriel García Márquez con su Cien años de soledad, que encontró en Gregory Rabassa su perfecto traductor, así le ocurrió al escritor turco con Victoria Holbrook. El bello texto llamó la atención, entre otros, de John Updike, que asemejaron al autor turco con Proust. La novela cuenta la historia de un estudiante veneciano en el siglo XVII, quien capturado por unos piratas es conducido a Estambul. Consigue hacerse con la confianza de un pachá que le presenta a un consejero, el científico Hoja. Sorprendentemente ambos hombres parecen mellizos. Hoja obliga al italiano a instruirle sobre los saberes occidentales, tarea en la que invertirán diez años. Esta maravillosa historia le sirve a Pamuk para explorar los secretos de la identidad individual, pues los personajes acabarán intercambiándose los puestos, tras una estupenda batalla donde se ensaya un cañón diseñado por Hoya. La novela mezcla, pues, una espectacular fabulación con la exploración de las vicisitudes del ser. [Continúa el jueves en EL CULTURAL]

Germán GULLÓN

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