En algunos casos, las historias van pasando de padres a hijos, y lo habitual es que, aun traspasando las fronteras de los países, se conserven muy parecidas, con algunas pequeñas variaciones. Sin embargo en otros casos, aunque en menor medida, los protagonistas se rebelan y, hartos de que otros vayan contado lo ocurrido a su manera, deciden intervenir para contar su propia versión de los hechos. En este caso, es el propio lobo, mal llamado Feroz, el que viene a poner los puntos sobre las íes en esta desternillante historia en la que justifica a su manera cómo, en el caso de los tres cerditos, unos cuantos estornudos fueron los culpables de su mala prensa.
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