Niños curiosos

NIÑOS CURIOSOS

Padres
y docentes quieren que los niños se interesen por el saber. Pero, ¿qué
pasa cuando sus preguntas incomodan porque el adulto simplemente no
sabe cómo responder? Claves para no quedarse callado.

A los
chicos les gustan los dinosaurios, les gustan los volcanes, les gustan
los chistes. De modo que, si viene alguien y les explica por qué no
quedan dinosaurios en la Tierra o por qué arrojan fuego los volcanes, y
además les cuenta un buen montón de chistes, hay muchas probabilidades
de que esa explicación también les guste. Con tales ingredientes surgió
en Tubinga, Alemania, el primer curso de la Universidad de los Niños.
Fue en el verano de 2002: 400 chicos llegaron a escuchar a los
profesores, varios de ellos Premio Nobel de distintas disciplinas,
sobre grandes enigmas del mundo: por qué crecen las plantas; por qué
soñamos; por qué podemos oír; por qué no es bueno clonar a los seres
humanos; por qué hay tantas cosas prohibidas para los niños; por qué
están desnudas las estatuas griegas; por qué yo soy yo… La
experiencia, muy exitosa,hizo que en sólo cinco años 30 universidades
alemanas abrieran sus puertas a chicos de entre 8 y 12 años, y todo
indica que se replicará en otros rincones del planeta.La curiosidad
infantil siempre ha puesto en aprietos a los padres y a los maestros, y
mucho más ahora, cuando los chicos están incentivados por todas las
nuevas propuestas de la cultura y desarrollan habilidades desde muy
chicos al punto de que, en algunas disciplinas -sobre todo en las
nuevas tecnologías – superan a sus maestros.

Pero, ¿cómo hacen
los maestros para llegar a los chicos cuando ellos se sienten inseguros
si les hacen preguntas que se alejan del programa? Todos los
consultados para esta nota recomiendan decir: "No sé, pero voy a
averiguarlo y les propongo que investiguemos juntos". Y luego echar
mano a los nuevos libros que se editan hoy en la Argentina.

Hay
colecciones para todas las edades: Ciencia que ladra, de Siglo XXI
Editores, dirigida por Diego Golombek, para adolescentes y jóvenes;
¿Querés saber? de Eudeba (dirigida por Paula Bombara), Preguntas que
ponen los pelos de punta, de Iamiqué (dirigida por Carla Baredes e
Ileana Lotersztain) yMi primer Larousse de los Porqués de Editorial
Larousse (dirigida por Dominique Korach) para chicos de primaria, o Las
preguntas que hacen los niños… y cómo responderlas, de Miriam
Stoppard (Grupo Zeta), con respuestas segmentadas por edad. Aquí,
algunos ejemplos.

RESPONDEN LOS QUE SABEN

¿Por
qué las estrellas no se caen? Imaginemos que estamos a bordo de una
nave espacial ultraveloz y recorremos nuestra galaxia, y dentro de ella
el Sistema Solar. Se ve una bola de fuego, que es el Sol, en torno de
la cual orbitan los planetas; uno de ellos, azul y un poco centellante,
la Tierra. Todos esos cuerpos celestes parecen flotar en el aire. No
hay cuerdas que los sujeten, ni tienen motores a reacción. Simplemente,
se mueven siguiendo cada uno su órbita a través del vacío. Pero ¿por
qué se mantiene todo en su sitio? ¿Por qué las estrellas no se caen al
suelo del universo? Porque todos los cuerpos -desde el asteroide más
pequeño a la mayor de las estrellas- se atraen unos a otros y, como
resultado de la interacción de todas las fuerzas, cada uno queda en el
sitio que le corresponde. Esta atracción se llama gravedad y es bueno
compararla con el magnetismo de los imanes, que es otra fuerza física
de las que no se ven, pero se notan. (Una universidad para los niños,
editorial Ares y Mares, España)

¿Qué sucede cuando uno muere?

Nadie
sabe exactamente qué sucede cuando morimos, pero nuestro cuerpo deja de
funcionar: dejamos de respirar, el corazón ya no late, los músculos no
funcionan y el cerebro deja de pensar para siempre. La mayor parte de
las personas mueren naturalmente porque son ya muy viejas y sus cuerpos
están gastados. Generalmente no sienten dolor, sino que gradualmente
pierden conciencia y se mueren suavemente. Sin embargo, hay personas
que mueren debido a enfermedades graves o accidentes. Sabemos que
después de morir ya no tienen preocupaciones ni penas. Y que ellos
siempre van a quedar en nuestro recuerdo. (Miriam Stoppard)

¿Cómo sabré qué hacer en mi primera vez?

Nadie
lo sabe de antemano, aunque estar preparado en teoría ayuda mucho a que
todo salga mejor. Una de las cosas que deben tenerse previstas, y no
angustiarse si sucede, es que hay una buena probabilidad de que la
chica no llegue en esta ocasión al orgasmo y de que el varón tenga una
eyaculación precoz o una disfunción eréctil. Ambos tienen que ser
tolerantes consigo mismos y con el otro, dado que la primera vez (y
también algunas de las siguientes) suele estar influida por la
ansiedad, el temor a fracasar, a no gustar, a equivocarse, y con
frecuencia sucede en un lugar inconveniente (el asiento trasero de un
coche, la casa de alguno de los dos, donde está el peligro de que los
padres regresen sorpresivamente), lo que aumenta la inquietud. (Dr.
Juan Carlos Kusnetzoff)

DISTINTOS NIVELES DE PREGUNTAS

Ahora
bien, están las respuestas informativas por las que se puede consultar
libros y especialistas. Pero no todas las preguntas que formulan los
chicos son para ser respondidas. Así lo explica Gustavo Santiago,
investigador de filosofía
para niños, autor de varias novelas y de
Filosofía, niños y escuela (Paidós), y Filosofía con los más pequeños,
de Novedades Educativas).

Una primera cuestión clave, antes de
pensar en qué responder, es estar seguro de haber escuchado y
comprendido la pregunta. Hay tres tipos de preguntas:

1.
Preguntas corrientes, cuando el chico pide una respuesta que cierre su
inquietud, como por ejemplo: ¿Hace cuántos años se extinguieron los
dinosaurios? En estos casos, lo mejor es hacerles saber ónde pueden
buscar información, y si es posible ayudarlos a conseguirla y a
comprenderla.

2. Preguntas retóricas: son enunciados en forma de
pregunta, pero que en realidad no pretenden ser respondidos. Si un
chico dice "¿Sabés cómo se forma un arcoiris?" quizá lo que esté
haciendo no sea preguntar sino buscar una oportunidad para darle a
conocer al adulto su propia hipótesis. Si el adulto responde con la
verdad puede desilusionarlo.

3. Preguntas de investigación: lo
que se busca no es una respuesta que cierre la cuestión sino que ayude
a abrir caminos para adentrarse en ella. Ante preguntas como "¿Qué es
morirse?", la primera sugerencia es repreguntar: "¿Y a vos
qué te
parece?" o "¿Por qué te surgió esa pregunta?" Así podremos saber si lo
que el chico pretende es una respuesta concreta, si quiere exponernos
una hipótesis personal o si tiene interés en explorar la cuestión
juntos. Finalmente, si el
niño insiste con que le demos una respuesta, quizá lo más conveniente sea acompañarlo para que sea él mismo quien la encuentre.

ESTRATEGIAS PARA ENSEÑAR

En
su libro Pensar para hacer. Cómo transformar la filosofía en una
experiencia real, el escritor y pensador Alejandro Rozitchner asegura
que las ganas de saber no son desinteresadas y abstractas: Tienen que
ver con la posibilidad de apoyarse en el entusiasmo por las cosas y los
proyectos que logran interesar a los alumnos y muchas veces son los
adultos los desapasionados por el saber. Una estrategia que inventé
para solucionar esto es la del uno y uno: cada consigna para proponer a
los alumnos debe resultar de la mezcla de un elemento de la cultura de
los adultos o docentes y un elemento de la cultura de los chicos o
alumnos. De esa forma, si se quiere que los alumnos trabajen su
escritura elemento docente), una buena consigna es aquella que les
proponga ejercitarla poniendo en escena una situación o un pensamiento
de la cultura de los chicos: Carta a los jugadores de mi equipo
alentándolos a ganaroLa tarde que pasé con mi ídolo (elemento del
alumno). La idea también puede formularse así: para hacer pasar una
intención docente al mundo de los alumnos y lograr que ésta sea
realizada con efectividad, es necesario sumarle un salvoconducto y ese
salvoconducto -dice Rozitchner- es un elemento de la cultura juvenil."

LA INFORMACION NO ES TODO

La
psicopedagoga Cristina van der Kooy de Palacios, presidente de la
Comisión Educación y Familia del SAMYF, institución perteneciente a la
Asociación Médica Argentina, señala: "Los chicos son curiosos,
preguntones por naturaleza, preguntan…
¡y eso es bueno! Si el
interés por sí mismos, por el mundo que los rodea, no se ve satisfecho
con respuestas adecuadas, el resultado que se suele obtener es la
repetición de la información, sin hacerla propia, o su rechazo. Si los
adultos no
atendemos esa curiosidad de los chicos, no sólo estamos
perdiendo una excelente oportunidad de contribuir al desarrollo de su
conocimiento, también estamos afectando aspectos de su desarrollo
afectivo y social (como la confianza en sí mismos,la motivación, el
deseo de aprender)."

Cuando dice "curiosidad de los chicos", la
psicopedagoga no se refiere sólo al conocimiento informado -muchos
chicos hoy acceden con facilidad a la información a través de la TV, la
computadora o los libros-, sino también al que se transmite de persona
a persona, a través de experiencias vitales. "Y es esta curiosidad la
que puede (y debe) satisfacer el docente", apunta.

Y dice más.
Habla de una oportunidad que no hay que desperdiciar: "Esta es una de
las ocasiones para que el docente recupere su rol. El rol -delegado por
los padres o, también, ante la ausencia de la familia- del que cuida,
aconseja, orienta. Rol que, por otra parte, las nuevas generaciones
piden a gritos: interlocutores adultos, con la presencia del otro, en
tiempo y espacio reales (recordemos las características diferentes del
chateo, por ejemplo)."

Además, señala la especialista,
especialista, los chicos podrán conocer porque les han contado, porque
lo leyeron, porque lo vieron, pero eso no implica saber. Se podrá
conocer cómo poner el auto en marcha ero eso no quiere decir
-necesariamente- saber manejar y estar preparado para hacerlo. El saber
va unido al sentido, prepara para la vida. Muchas veces, los
chicosconocen pero no saben y la tarea de los adultos será -en cada
etapa de su vida- ayudarlos a encontrar el sentido. En el mismo
ejemplo: tiene sentido que un chico de 5 años ponga en marcha el auto
de su padre?

El docente deberá aceptar que las nuevas
generaciones vienen dotadas de habilidades con las que él no cuenta en
la misma medida (específicamente, las tecnológicas), pero muchas veces
no tienen el para qué, el por qué de esas habilidades.

Asegura
Van der Kooy: "Las preguntas de los chicos pueden generar en los
docentes aceptación o rechazo, pero -con otra pregunta- el mismo
docente puede abrir horizontes de nueva curiosidad para todos. Incluso
para él mismo".

SE ROMPIERON LOS MOLDES

Uno
podría imaginar el torbellino en las cabezas. Alrededor de 267.500
maestros de escuela primaria de todo el país tratando de asumir el
desafío de las preguntas de sus alumnos, crecidos en el nuevo milenio.
No es que antes los chicos no pusieran en aprietos a los mayores. El
problema es que hoy las preguntas son más difíciles de responder porque
tratan sobre temas muy novedosos también para los adultos.

Así
lo admite Alejandra Birin, subsecretaria de Equidad y Calidad del
Ministerio de Educación de la Nación. Todo un desafío. Para capear
estas dificultades, se trabaja en la formación de docentes en tres
niveles: "En primer lugar, en las disciplinas que a cada docente le
toca enseñar y que también tienen profundos cambios (desde el cambio
climático y la biogenética hasta el hipertexto). Trabajamos, en segundo
lugar, en el vínculo pedagógico en la renovación de la autoridad
docente. Y, en tercer lugar, en un núcleo que se llama Formación Social
Cultural Contemporánea, porque las transformaciones mediáticas,
tecnológicas, sociales, la aparición de nuevos lenguajes, las nuevas
infancias y adolescencias plantean muchos interrogantes y novedades que
son imprescindibles para una transmisión más potente del saber."

Desde
su rol de maestro de grado Oscar Lamouret, capacitador de docentes,
prefiere la autocrítica. "¿Se quejan de que a los chicos no les
interesa nada? Somos los maestros los que tenemos que hacernos
responsables por lo que aprenden o no aprenden los alumnos: los chicos
aprenden los temas que nosotros hacemos interesantes cuando les
despertamos la curiosidad, cuando conseguimos saber qué quieren saber
ellos, cuando les brindamos los medios, cuando somos constantes en
hacerlos pensar, cuando participan. Y esto es cosa del corazón. Por más
dificultades que nos traigan los chicos, no se puede llegar al otro por
otra vía. Si no hablamos con el corazón -insiste el maestro- nuestra
palabra deja de ser creíble, y perdemos autoridad y confianza. Porque
la educación es, simple y llanamente, un acto amoroso." jubilado tras
45 años de trabajo Oscar Lamouret, capacitador de docentes, prefiere la
autocrítica. "¿Se quejan de que a los chicos no les interesa nada?
Somos los maestros los que tenemos que hacernos responsables por lo que
aprenden o no aprenden los alumnos: los chicos aprenden los temas que
nosotros hacemos interesantes cuando les despertamos la curiosidad,
cuando conseguimos saber qué quieren saber ellos, cuando les brindamos
los medios, cuando somos constantes en hacerlos pensar, cuando
participan. Y esto es cosa del corazón. Por más dificultades que nos
traigan los chicos, no se puede llegar al otro por otra vía. Si no
hablamos con el corazón -insiste el maestro- nuestra palabra deja de
ser creíble, y perdemos autoridad y confianza. Porque la educación es,
simple y llanamente, un acto amoroso."

Fuente: Clarín Texto original Claudia Selser Adaptación Daniel Menéndez

Comentarios

¿Tú qué opinas?

Si quieres recibir información de Club Kirico, suscríbete a nuestras novedades