Los grandes del cómic avivan la nostalgia

El tebeo tiene la virtud de haber creado personajes que se recuerdan con cariño y activan escondidas espoletas que disparan los contundentes mecanismos de la nostalgia. Son historietas que se leían en la infancia y juventud y que quedan grabadas a fuego en algún lugar de nuestro cerebro, siempre listas a ser rescatadas. Este año las exposiciones del Salón de Barcelona han sabido recurrir a estas estrategias para conseguir seducir al público. Buen ejemplo es la exposición Los amigos de Astérix, que conmemora el 80º aniversario de Albert Uderzo, dibujante de la inmortal serie que creó junto a Goscinny. En un escenario que recuerda la irreductible aldea gala, autores de la relevancia de Milo Manara, Zep, Loustal o los españoles Forges y Juanjo Guarnido dan su versión de un personaje universal, plasmando una visión matizada por el recuerdo y la nostalgia.

Similares sentimientos despierta la exposición Los tebeos valencianos, un completo recorrido por la historia de un tebeo que protagonizó la industria nacional durante décadas y que ha dejado personajes tan inolvidables como Pumby, El Guerrero del Antifaz o revistas como Jaimito y Mariló. En la muestra, patrocinada por la Generalitat Valenciana y la Caja del Mediterráneo, se pueden contemplar originales de casi una cincuentena de autores, entre los que se encuentran Daniel Torres, Sento, Micharmut, Mariscal y Mique Beltrán, protagonistas de la llamada Nueva Escuela Valenciana.

El visitante se encontrará además con otras espectaculares escenografías, como el típico saloon del lejano Oeste que alberga la muestra de Víctor de la Fuente o la recreación de la tranquilidad de una playa levantina en la que se pueden admirar los originales de La torre blanca, de Pablo Auladell.

Pero si importante es la oferta de exposiciones, sin duda lo más atractivo del Salón para el aficionado es siempre la posibilidad de llevarse un dibujo de alguno de sus autores favoritos. Desde el primer día, las colas que se forman en los stands de las editoriales han sido impresionantes, esperando impertérritos y sin desánimo a que su autor favorito firme un ejemplar de su tebeo. A la presencia de figuras de la talla de Enrique Breccia, Enki Bilal o Howard Chaykin hay que sumar a autores más jóvenes pero que ya han demostrado arrastrar a un fiel público: desde la rabiosa independencia de Alex Robinson a los superhéroes de Steve McNiven, autor Civil war (Panini Editorial), la "superproducción" de la editorial Marvel que ha conseguido romper todos los récords de ventas con el famoso epílogo donde muere el Capitán América.

Pero si algo se esperaba el segundo día de Salón era la entrega de los premios de esta edición. El dibujante Max ha arrasado con Bardín el superrealista. Esta sorprendente y cáustica historia lujosamente editada por La Cúpula consigue recuperar el espíritu más combativo de los autores de Bruguera de los años cincuenta, mezclándolo con una concepción vanguardista y experimentadora del lenguaje de la historieta. Una fusión genial que ha conseguido rendir a toda la profesión, que le ha concedido el premio a la mejor obra de 2006, al mejor dibujo y al mejor guión. Un espectacular triplete que se complementa con el premio a NSLM (Nosotros Somos Los Muertos) como mejor revista. La publicación dirigida por Max y Pere Joan y editada por sins entido se despide con un extraordinario colofón, que reconoce su fundamental contribución a la historia del tebeo español y mundial. Y éxito también de la nueva generación de autores gallegos, con David Rubín a la cabeza, que recibe el premio Josep Toutain al autor revelación, y Barsowia que consigue el premio al mejor fanzine. El premio a la divulgación ha caído en uno de los especialistas más reconocidos de España, Antoni Guiral, autor de obras tan fundamentales como Cuando los cómics se llamaban tebeos o De los tebeos al manga, la ambiciosa historia de los cómics que acaba de aparecer. El premio a la mejor obra extranjera ha recaído en Ice haven, la inquietante y sugerente obra de Daniel Clowes editada por Mondadori.

 

Imparable Miguelanxo Prado

El Gran Premio del Salón, que reconoce toda la trayectoria profesional de un autor, ha recaído en Miguelanxo Prado (A Coruña, 1958), uno de los autores más importantes del panorama hispano desde su debú en las revistas de Toutain en los ochenta, que ha sabido plasmar en sus obras su constante inquietud creativa. Desde Fragmentos de la enciclopedia Délfica hasta La Mansión de los Pampín su evolución ha seguido una curva ascendente imparable, que ha sabido conjugar obras de un lirismo incontenible como Trazo de tiza con el socarrón humor de gallego militante en Quotidania delirante o Crónicas incongruentes. Prado ha brillado también en los dibujos animados. Ha trabajado para la factoría Spielberg como diseñador de personajes o con proyectos tan personales como De profundis, un bellísimo experimento visual que fue nominado en los Goya de este año. Y sin olvidar su labor como director de una de las citas obligadas del tebeo hispano, el salón Viñetas desde el Atlántico que se celebra en A Coruña desde hace una década.

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