Fernando siente una enorme rabia por una pequeña contrariedad, tan insignificante que, cuando intenta recordar, ha olvidado el motivo de su enfado. Las ilustraciones de Kitamura, que son un derroche imaginativo y plástico, construyen un simbólico universo atacado por terribles terremotos, tifones y temblores que expresan con una mezcla de ironía y ternura el estado de ánimo del protagonista.
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