Con un dominio del tiempo narrativo y una elegancia en el lenguaje el autor nos entrega una historia singular que se puede convertir en una hermosa metáfora. Un hombre desinteresadamente, a lo largo del tiempo y ajeno a cualquier crÃtica se dedica a plantar árboles en un erial. Su trabajo solitario y constante consiguen, con el tiempo, transformar el paisaje y a las gentes que lo habitan. Todo un proyecto de protección de la naturaleza y de reforestación. Un libro imprescindible para hablar de los bosques. No de la destrucción sino de la esperanza en la recuperación de la naturaleza.
(Reseña guÃa Bosques de cuento) ------------------------------------------------------------------------------------------
Esta es una historia que los niños deben conocer porque tiene que ver con el futuro y la esperanza y también porque literariamente es hermosa. La escueta narración, con aliento poético, presenta un argumento muy sencillo: un hombre se retira a un pequeño pueblo inhóspito y casi desierto y comienza a plantar árboles, haciendo de esta tarea el destino de su existencia. Esta vivificación del campo que poco a poco no solo transforma el paisaje sino también a la gente que lo habita, se produce a los ojos del testigo-narrador que cuenta la historia y que acude varias veces a este lugar contemplando el milagro. El cambio se va produciendo ante su mirada y ante el lector que se convierte en espectador de esta resurrección. Los linóleos en blanco y negro son también capaces de transmitir este renacer de un territorio que parecÃa muerto. Junto a la narración literal, no se nos escapa una interpretación más amplia: la capacidad de las personas para transformar su realidad, con perseverancia, al margen de presiones o de otros intereses, la constancia y la fe en la posibilidad de mejorar la existencia humana. Una lección de vida y de literatura.
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