Lo mejor de la versión de este cuento está en sus ilustraciones. Hermosos y suntuosos escenarios dibujados con muchos detalles, le dan al relato un aire teatral magnífico. Las telas de los vestidos y las alfombras, las composiciones en los interiores y los paisajes cargados de misterio y poesía envuelven un cuento de siempre que parece nuevo y desconocido. Una gran cantidad de elementos simbólicos invitan a explorar detenidamente el cuento y a no permanecer solo en la anécdota conocida, sino a dejarse invadir por la atmósfera de melancolía que transmiten las ilustraciones. Es sorprendente cómo a través de las ilustraciones este relato se convierte en lo contrario de lo que transmite Disney con su película sobre el personaje de Blancanieves.
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