La editorial Kalandraka recupera esta obra del artista alemán que, bajo la aparente ingenuidad de un hombre encaramado a una grúa mientras pasan los años sin querer bajar, traslada al lector reflexiones profundas y sinceras sobre el funcionamiento de una sociedad tan absurda como la situación que se narra.
(Reseña guÃa Libros escogidos)
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Hay autores que parece que optan por dirigirse a un lector infantil porque necesitan emplear un lenguaje sencillo para expresarse. Deciden acudir al cuento y a los recursos que proporciona el universo de los libros para niños, como la ilustración, para conseguir que sus historias tengan un punto de transparencia y claridad, necesario para entenderlas porque no son simples. Zimnik pertenece a este grupo de autores que, publicando en colecciones infantiles, sus libros contienen una gran densidad filosófica. Pero es un narrador tan sabio que consigue que el mismo libro pueda resultar espontáneo para un lector inicial, y profundo para un lector que pretenda ir más allá. Eso tienen las parábolas: resultan ejemplos en apariencia sencillos para plantear algo de más calado. Este libro cuenta la historia de un hombre que se sube a trabajar a una grúa porque es lo que más le gusta hacer en el mundo y desde allà contempla y participa en el devenir de la vida y experimenta la amistad y el miedo, la guerra y la pérdida. Y también vive aventuras emocionantes con piratas, tiburones y águilas. El libro parece no decir mucho más, pero late en cada lÃnea una mirada comprensiva hacia la humanidad y hacia la naturaleza, sus palabras tienen un afán de belleza y de permanencia. Un libro entretenido y hondo.
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