Cerdito vive feliz en su granja con los dos amables granjeros. Le encanta la comida, dormir, correr alrededor de su pocilga y, sobre todo, bañarse en el lodazal. El granjero y su esposa también son felices con su cerdito: “Para nosotros es el mejor cerdo del mundo” decían. Un día, la granjera decide poner un poco de orden y limpiar toda la granja. Tanto limpió que, después de la cuadra, el establo y el gallinero, lavó al cerdo y limpió su lodazal. El cerdito, con su lazo azul y limpísimo se puso furioso y escapó. Llegó a un lodo y quiso dormir, pero los animales que vivían allí no se lo permitieron. Siguió corriendo y en un basurero de la ciudad pareció estar cómodo, pero como no había rastro de barro, siguió su ruta hasta el centro de la ciudad. Allí sí que lo encontró, un barro blando donde se metió enseguida. Claro, no se dio cuenta de que era cemento y pronto quedó atrapado. La gente se fue acercando para ver a ese cerdo atrapado. Mientras, los granjeros buscaban desesperadamente a su cerdito. Cuando dieron con él y lo rescataron, regresaron felices a la granja y el cerdito tuvo garantizado para siempre su lodazal. Un relato que encanta a los más pequeños por la aventura del cerdito al escaparse y por el final feliz.
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