Este conocido cuento de Saki encuentra en este álbum un molde donde encaja a la perfección. La delicadeza y levedad de las preciosistas ilustraciones que envuelven al texto resaltan la ironía, sin concesiones, de su mensaje: ni la infancia es tan bonita ni los niños buenos tan adecuados. Aparente envoltorio hermoso y delicado para dar cabida a un texto implacable sobre las mentiras acerca de la infancia.
El estilo irónico proverbial de este cuentista hará las delicias de los jóvenes lectores y de los adultos que crean que la literatura infantil ya no tiene como misión proponer modelos de niños buenos, sino más bien reírse de los que crecen demasiado pronto. En un vagón compartido por tres niños inquietos y algo impertinentes, acompañados de una tía, un hombre serio que se siente cada vez más incómodo por sus idas y venidas, sus reiterativas preguntas y sus cantos, tratará de entretenerlos con una historia. Pero no se tratará de una narración edificante, sino más bien macabra, protagonizada por una niña “horriblemente buena”. Y el uso de este oxímoron dispara una historia repleta de humor que se va completando con las preguntas de los niños y las respuestas, nada tranquilizadoras, del contador. La protagonista del cuento tendrá un final desgraciado, al que le ha conducido su excesiva bondad. En esta preciosa edición, la ilustradora compone unos escenarios llenos de levedad y encanto en contraste con el tono de la historia: estampados delicados, en tonos desvaídos, dejarán paso a una doble página central donde un gran lobo se relame. Y lo mejor es que los niños dirán que este cuento cruel les ha fascinado porque el miedo, la venganza, y la ruptura con lo establecido que tanto gusta a los mayores, a los niños, también.
El contador de cuentos
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Este conocido cuento de Saki encuentra en este álbum un molde donde encaja a la perfección. La delicadeza y levedad de las preciosistas ilustraciones que envuelven al texto resaltan la ironía, sin concesiones, de su mensaje: ni la infancia es tan bonita ni los niños buenos tan adecuados. Aparente envoltorio hermoso y delicado para dar cabida a un texto implacable sobre las mentiras acerca de la infancia.
(Reseña guía Ilustrados)
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El estilo irónico proverbial de este cuentista hará las delicias de los jóvenes lectores y de los adultos que crean que la literatura infantil ya no tiene como misión proponer modelos de niños buenos, sino más bien reírse de los que crecen demasiado pronto. En un vagón compartido por tres niños inquietos y algo impertinentes, acompañados de una tía, un hombre serio que se siente cada vez más incómodo por sus idas y venidas, sus reiterativas preguntas y sus cantos, tratará de entretenerlos con una historia. Pero no se tratará de una narración edificante, sino más bien macabra, protagonizada por una niña “horriblemente buena”. Y el uso de este oxímoron dispara una historia repleta de humor que se va completando con las preguntas de los niños y las respuestas, nada tranquilizadoras, del contador. La protagonista del cuento tendrá un final desgraciado, al que le ha conducido su excesiva bondad. En esta preciosa edición, la ilustradora compone unos escenarios llenos de levedad y encanto en contraste con el tono de la historia: estampados delicados, en tonos desvaídos, dejarán paso a una doble página central donde un gran lobo se relame. Y lo mejor es que los niños dirán que este cuento cruel les ha fascinado porque el miedo, la venganza, y la ruptura con lo establecido que tanto gusta a los mayores, a los niños, también.