Lo cotidiano se cruza con lo mágico sin sobresaltos, sin más. Está ahí entre nosotros y nos lo hace visible la mirada del narrador y del ilustrador. Los cuentos tienen mucho que ver con Borges, Cortázar o Bradbury, capaces de crear una atmósfera extraña y cercana que nos deja en suspenso y nos invita a mirar de nuevo todo lo que nos rodea: el barrio, los vecinos, nuestros cuadernos de poemas, el patio de nuestra casa...
(Reseña guía Libros para días azules)
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Nos encontramos ante un título que rompe muchas de las etiquetas que manejamos para encasillar los libros en un género, una edad o un soporte. Este libro podría parecer un conjunto de cuentos ilustrados puesto que tiene alrededor de 90 páginas y algunas ilustraciones no secuenciadas. Sin embargo se trata de un álbum, si entendemos que en la ilustración se deposita una parte del sentido de la narración. Solo viendo e interpretando las ilustraciones podemos encontrar significado al relato. Como en otros libros de este autor estamos ante un juego, un desafío, una apertura de posibilidades narrativas y gráficas. La invención y la fantasía sin desconectarse de la realidad parecen ser su inspiración y las interpretaciones están siempre abiertas a múltiples lecturas. Es un libro ideal para un lector que busca historias en las que el humor, la intriga, el absurdo y el compromiso con la realidad juegan a mezclarse. La sensación ante muchas de las historias es de “extrañamiento”, de sorpresa, ante buzos que caminan por la calle, bolas que flotan en el cielo con miles de poemas no publicados, misiles en las casas regalados por el gobierno, o calles que finalizan en un abismo. Esto podría ser raro en un relato, pero es perfectamente creíble en el mundo real de Shaun Tan.
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