Theo enseña, soprendido, a Dios algunas cosas tan sencillas como hacer una tortilla o trepar a los árboles, algo muy alejado del mundo de los dioses, ¿o no?
Theo se encuentra con dios en medio del bosque (un dios, no el dios, como él mismo dice) y se disponen a pasar la tarde juntos contándose lo que a uno y otro les gusta. Si dios puede transformarse en todo lo que quiera, no sabe trepar a los árboles. El encuentro es poético y sutil en la línea de los libros de esta ilustradora.
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