Cuando Violeta nació era de color violeta; ahora ya no lo es, pero no solo eso ha cambiado en su vida: su madre espera otro hijo que va a ser su hermano, pero no será hijo de su mismo padre. Los temores que asaltan a esta encantadora niña de ocho años se resumen en algo que preocupa a cualquier edad: ¿la seguirán queriendo? Unos padres cercanos y sinceros con la pequeña muestran una realidad familiar de dos hogares recompuestos con una mirada tierna y positiva.
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