Este libro, como otros del autor, necesitan un lector que no busque una acción trepidante, que no tenga prisa por llegar al final, sino más bien que esté decidido a sentir la historia a través de las palabras. En ZepelÃn, priman las sensaciones, el tiempo narrativo parece detenido para centrarse en las emociones de una niña que busca su lugar en medio de una familia asfixiante. La aparición de un niño extraño, que ha huido de su casa justo por lo contrario, porque en su familia parecen ignorarlo, permitirá al lector mezclar perspectivas diversas sobre los sentimientos, la autonomÃa y los deseos de sentirse querido. La elección de una sintaxis muy sencilla con frases cortas y escasa adjetivación no puede ocultarnos un lenguaje elaborado, rico en imágenes que permiten profundizar en el territorio de las emociones. El mundo de la infancia, lejos de ser tratado desde los lugares comunes, aparece como un tiempo conflictivo de soledad y dudas, donde los adultos tampoco son culpabilizados porque también buscan su identidad como padres, pareja o amigos. No es un libro complaciente, hace pensar y ayuda a poner palabras a emociones complejas.
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