Un adolescente se entera de que su padre va a morir y no de la enfermad que todos dicen. ¿Por qué no le dicen la verdad? ¿Es más terrible el nombre que la propia muerte?
La enfermedad y muerte de un padre resultan especialmente dolorosas cuando es un muchacho el que narra la experiencia. Y aunque los sentimientos de la pérdida son centrales, se ponen de manifiesto en este libro otras sensaciones como son las de sentirse engañado, la falta de comunicación y de confianza entre padres e hijos, y la necesidad de guardar secretos para no herir a los demás. La escritora comunica con palabras muy certeras este complejo universo sentimental de confusión y angustia de un adolescente que empieza a saber que ya es adulto para asumir el dolor y la alegría.
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