Papel y lápices es lo único que necesita Abdulá para ser feliz, pero a veces no llegan hasta su campamento.
Abdulá vive en el desierto, y no conoce otro color que el de la arena. Pero el abuelo, que vivió tiempos mejores, antes de la guerra y el aislamiento, le habla de oasis y de vegetación, y del mar. El niño consigue así llenar su mundo de color, y expresarlo con los lápices y el papel que llegan, de vez en cuando, en los camiones. Las ilustraciones muestran los colores del desierto, tan suaves y delicados como la historia de este niño que necesita la pintura para comprender mejor su propio mundo.
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