Vivian tiene la piel blanca, pero nunca conseguirá borrar África de su corazón.
Vivian siempre ha vivido en Kenia, con la tribu de los kikuyu, desde que su padre emigró allí huyendo de la Alemania nazi para trabajar en una granja. Por eso se siente tan africana y no entiende bien a su padre, siempre añorando la vida anterior. La autora narra una conmovedora historia, que es en realidad su propia historia, y expresa con gran sensibilidad el modo de sentir de los africanos, su particular relación con la tierra y su sentimiento trascendente de la vida.
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