Para conseguir un compañero de juegos, el pequeño de esta historia tiene que recurrir nada menos que a un elefante, porque los abuelos están siempre ocupados. Sin embargo, los dos ancianos acaban compartiendo el juego imaginativo del muchacho mostrándose permisivos con sus travesuras, ¡y con las de su elefante! Un delicado álbum que expresa la relación de complicidad que se da con frecuencia entre dos generaciones tan distantes y a la vez tan próximas.
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