Gracias a personas sensibles como la maestra o la niña de la coleta, Yoon va a adaptarse pronto a su nueva vida.
Desde su llegada de Corea, y a pesar del apoyo y la comprensión de sus padres, Yoon echa de menos su vida anterior. En la escuela, se niega a escribir con el abecedario nuevo, incluso su nombre. Hasta que, poco a poco, las palabras empiezan a tener sentido para ella, por lo que dicen o por quien las dice. Las ilustraciones de fuerte colorido muestran la vida de la niña y todo el mundo imaginativo que ella misma crea.
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