Librerías extranjeras venden en Internet libros españoles mucho más baratos que en España (César Coca – Ideal Digital)

Lo mismo que en cualquier otro punto de venta en todo el país, porque la ley 10/2007 de 22 de junio establece un precio fijo para los libros. Ahora bien, si adquiere la obra a través de alguna librería virtual, puede conseguirla en edición idéntica por poco más de 14 euros, incluido el transporte hasta su casa, lo que muchas veces supone que el ejemplar cruza el Atlántico.

La legislación española establece la necesidad de determinar un precio para los libros, salvo en el caso de los de texto y algunas otras excepciones menores (restos de edición, por ejemplo). Dice expresamente que «toda persona que edita, importa o reimporta libros está obligada a establecer un precio fijo de venta al público (…) todo ello con independencia del lugar en que se realice la venta o del procedimiento u operador económico a través del cual se efectúa la transacción». Al margen de la curiosa pretensión del legislador de fijar normas para empresas extranjeras que operan en sus países, el punto relevante es que un particular que adquiere un volumen es un comprador y no un importador. Un comprador que adquiere un libro, por ejemplo, en un país donde no hay precio fijo, y por tanto aprovecha las ofertas.

Porque la clave está en que hay muchos países donde el precio del libro cambia de una librería a otra, a veces con diferencia de varios euros en establecimientos que están puerta con puerta. Son libreros que apuran sus márgenes para conseguir mayores ventas. Y lo hacen también con libros editados fuera de sus países. Ello es posible porque el precio al que el editor vende a esas librerías no es el mismo que el establecido para España. Diversas fuentes consultadas por este periódico han reconocido que los editores venden a las librerías españolas a un precio y a las extranjeras (o a los distribuidores) a otro, siempre inferior. Los contratos con los autores recogen a veces también que éstos cobrarán menos en concepto de derechos por los libros exportados. De todo ello se benefician los libreros extranjeros.

Un ejemplo con números: para un libro cuyo precio de venta al público sea (sin contar el IVA) de 20 euros, el librero tiene un margen de 6 y el distribuidor de 4 euros. Es decir, el circuito comercial del libro se queda con la mitad del precio de venta. Una conocida editora catalana explica que su firma suele vender a librerías y distribuidores extranjeros a un precio que está entre el 30% y el 35% del de venta, en vez del 50%. A eso se suma el porte hasta su destino, en general el mercado estadounidense. Resultado: el librero tiene un amplio margen para rebajar el precio final y todavía obtener un beneficio razonable.

Costes menores

En otras ocasiones, la editorial española tiene una filial en algún país, sobre todo latinoamericano, y es allí donde se imprimen los ejemplares destinados a aquel mercado. El volumen puede ser idéntico al producido en España, aunque a veces el papel es de una calidad inferior y la encuadernación nunca se hace en pasta dura. Sea como fuere, los costes de producción son mucho más bajos, lo que permite reducir de forma sustancial el precio de venta. Esos ejemplares también pueden llegar a un comprador español a través de las librerías virtuales con un precio menor incluso aunque se sume el coste del envío.

El comprador no consigue siempre un libro más barato comprándolo en la Red. El mayor beneficio se alcanza en títulos de amplia tirada, en general novelas, que llevan algunos meses en el mercado. La antigüedad es un factor esencial, porque la agresiva política de almacenamiento de las empresas estadounidenses hace que no les compense tener depositados ejemplares de un libro más allá de unos pocos meses. Pasado ese tiempo, los volúmenes aún no vendidos se rebajan, hasta llegar incluso a ofrecerse por debajo de su coste, para deshacerse cuanto antes de ellos.

El comprador debe encontrar la librería o el distribuidor que quieren eliminar 'stocks' para dar con la mejor oferta. Pero también hay una 'web' que le ayuda: en la página www.addall.com, aparecen los títulos clasificados según su precio y la librería que los tiene en venta (Amazon, Amazon Canadá, Abebooks, Books Close Outs, BooksAMillion, Barnes and Noble, Powell's, Indigo y muchas más).

Una búsqueda mediante este sistema permite comprobar el 'beneficio' que un comprador obtendría de esta forma. Algunos títulos de gran venta consultados por este periódico, además del citado de Ildefonso Falcones: 'Travesuras de la niña mala', de Mario Vargas Llosa: 19,5 euros en librería en España, 17,2 en librería virtual; 'Las pequeñas memorias', de José Saramago: 18 euros en España, 15,2 en Internet; 'El enigma del cuatro', de Ian Caldwell y Dustin Thomason, 21 euros frente a 14,4; 'El pedestal de las estatuas', de Antonio Gala, 22 euros frente a 21,3; y 'El hijo del acordeonista', de Bernardo Atxaga, 22,6 euros ante 18,6.

En los clásicos, donde las ediciones son generalmente de bolsillo, no suele haber beneficio para el comprador, porque el precio de venta en España es bajo y el coste del transporte es determinante. Con todo, 'Guerra y paz' de León Tólstoi en la misma edición cuesta 9,95 en España y se puede adquirir hasta por 8,88 en Internet, siempre incluido el porte hasta el domicilio. En otros casos, es más caro comprarlo fuera. 'Las olas' de Virginia Woolf, que en edición comentada cuesta 12,5 euros en una librería española, no se podría adquirir por menos de 17,3 en un establecimiento virtual, y 'La Regenta', prologada por Ricardo Gullón, sale 5,5 euros más caro en Internet que en la librería de toda la vida.

Mercado desequilibrado

Especialistas en el sector reconocen que las librerías en Internet pueden desequilibrar el mercado en algún momento, sobre todo en el segmento de los 'best seller'. Pero eso sucederá, matizan, cuando el comercio electrónico esté más extendido. Según el último informe del sector, uno de cada cuatro españoles compró algo el año pasado en la Red, y de ellos uno de cada siete adquirió algún libro.

Cifras aún muy bajas para ser una amenaza seria al sector tradicional, que vive su propia metamorfosis por la dificultad de rentabilizar sus inversiones. Porque si los editores españoles obtienen una rentabilidad media del 4,5% de su facturación, según un reciente estudio, los libreros encuentran grandes dificultades para llegar a esa cifra. Fuentes del sector estiman que poner hoy una buena librería, con una superficie amplia y un fondo apreciable, en el centro de una capital de tamaño medio o grande, requiere de una inversión no inferior a 9 millones de euros. Algo que hoy por hoy sólo está al alcance de los grandes grupos. Por eso, muchas librerías optan por instalarse en un lugar no tan céntrico y reforzar su servicio de venta por Internet. Porque al final, dicen todos los expertos, el librero es un personaje imprescindible para los verdaderos lectores, por su capacidad para guiarlos en el maremagnum de las decenas de miles de títulos que se publican cada año. Algo que un frío catálogo en Internet no puede hacer.

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