Lectura compartida con los hijos

 ¿Cómo ayudar para que al niño le guste leer?

Leer
es un hábito que se adquiere en el hogar principalmente, y los padres
que no lo tengan, pero desean que sus hijos lo cultiven, pueden poner
en práctica algunas acciones que los ayudarán, e incluso ellos mismos
hasta podrían estrechar lazos amistosos con los libros y aprender a
disfrutar de gratos momentos con sus pequeños.

Algunas
sugerencias son buscar un rato diario para familiarizar a los pequeños
con los libros, enseñarles que éstos encierran imágenes e historias
interesantes y permiten que ambos puedan disfrutar juntos.

Se
recomienda que el momento elegido sea a la misma hora y en el mismo
lugar, pues los factores de tiempo y espacio son primordiales para
crear un hábito. Por ello, también conviene que los libros se guarden
en un lugar determinado para que el niño pueda tomarlos cuando quiera
verlos.

Muchas
veces se busca el período antes de dormir cuando el niño se va a la
cama como una forma de ayudarlo a calmarse, relajarse y conciliar el
sueño, pero no necesariamente es el mejor momento de leer con los
hijos. Cada familia debe ver cuál es su situación de convivencia,
costumbres y hábitos para buscar y decidir el momento más propicio.

Es
recomendable buscar el tiempo para poder concentrarse con el niño. Es
una actividad que llevará entre 15 y 20 minutos diarios y usted mismo
debe disfrutar del relax y convivencia con su pequeño. Tenga presente
que especialmente hasta los 5 ó 6 años, a los niños les gusta oír las
mismas historias una y otra vez. Los cuentos los ayudan a manejar sus
miedos y a encontrar respuestas a sus inquietudes y problemas.

Bruno
Bettelheim piensa que los niños tienen necesidad de magia y que ellos
también están buscando, a su manera, respuestas a preguntas
fundamentales ¿quién soy yo? y ¿cómo debo tratar los problemas?, así
dice “los cuentos dejan que el niño imagine cómo puede aplicar a sí
mismo lo que la historia le revele sobre la vida y la naturaleza
humana”.

Por
eso, el tiempo dedicado a leer y ver un cuento se torna en un espacio
de convivencia para conocer las preocupaciones, deseos, reflexiones y
comentarios de los niños, para quienes esas historias son temas serios
que se mezclan con las enseñanzas de sus mayores.

Las lecturas deben ser seleccionadas según la edad del niño, por lo que hablaremos de diferentes etapas:

1ª etapa: antes del lenguaje, hasta los 2 años

A
los pequeños se les puede inducir el hábito de la lectura desde muy
temprana edad, prácticamente desde los primeros meses. Familiarizarlos
con los libros y permitirles manipularlos, pasar hojas procurando que
no los rompan, conocerlos y saber que es un objeto que papá y mamá
aprecian.

Los
primeros libros serán cuentos con muchos colores, con pocas letras o
incluso sin ellas. Hermosas imágenes de animales, objetos cercanos a la
vida de los pequeños, dibujos preferentemente sencillos pueden ser un
buen principio para que el bebé identifique el libro como un objeto
alegre, agradable y divertido que enseña.

El
niño aprende a señalar y relacionar nombre e imagen, hacerle preguntas
como Dónde está la pelota o Cuál es el perro son ejemplos de frases
que, no solo favorecen el hábito de la lectura sino que es una
actividad precursora del lenguaje.

2ª etapa: antes de aprender a leer, hasta los 6 años

Cuando
el niño ya tiene lenguaje, y él mismo puede identificar y nombrar
objetos, colores, formas, diferenciar cualidades, calificar con los
adjetivos, y distingue acciones y sucesos. Es una etapa en la que
fácilmente se interesa por los libros, especialmente los diseñados para
su edad.

La
investigadora Gemma Lluch propone para el análisis de la literatura
infantil, entre otras cosas, conocer el contexto del libro y utilizar
paratextos como el título, la carátula, las solapas, la portada,
elementos que ayudan al lector a introducirse en la lectura y saber
algunas pistas sobre el contenido del libro. Así en esta edad los
padres pueden jugar con el niño a través de estos elementos: que vea la
portada y adivine de qué trata el libro, qué le dice el título, quién
es el autor y el ilustrador, cómo son los personajes de esa historia.
Incluso se puede pedir que imagine de qué trata el cuento con solo ver
las imágenes. Muchos niños efectúan esta acción espontáneamente, pues
saben que los libros cuentan cosas y las letras dicen algo, y por eso
inventan viendo simplemente los dibujos y hacen como si estuvieran
leyendo.

Claro
que en esta etapa empiezan los momentos de lectura propiamente dichos,
pues son los padres quienes leerán el cuento al niño. Aquellos padres
que no tienen fluidez en su lectura no deben desanimarse, sino
practicar a solas leyendo el cuento antes para poder leerlo al niño con
mayor fluidez. Recuerde que el niño disfruta mucho con que usted
comparta una habilidad que él aún no ha adquirido.

Conviene
leer en voz alta y practicar el cambio de voces de los personajes, pues
los niños perciben cómo la personalidad, las voces y las acciones
tienen correspondencia. Al leer es muy importante hacer las inflexiones
de voz para dar emoción y suspenso a la historia. Pronto los pequeños
lo harán ellos mismos. Permita que el niño le interrumpa para expresar
emociones y opiniones, pues lo importante es que el contenido sea
comprendido, comentado y asimilado.

3ª etapa: el niño empieza a leer, 7 años en adelante

Cuando
el niño ya puede leer, es él quien le lee a usted como antes lo hizo
usted por él: al principio con poca fluidez pero mejorando con la
práctica. Lo importante es seguir compartiendo juntos ese tiempo. Los
pequeños lectores pueden utilizar su voz y su cuerpo para escenificar
la historia y después hacer dibujos de los personajes si éstos lograron
despertar en él interés y fantasía.

Los
libros han de ser acordes a la edad del niño, por lo general en las
escuelas hay una biblioteca donde se los pueden prestar o cuando los
compre observe la indicación de edad recomendada, en la librería pueden
orientarle.

En
esta edad los gustos y las preferencias de los niños y las niñas se
diversifican, por lo que se debe estar atento a lo que quieren leer
unos y otras. Recuerde que no deben ser historias que los infantilicen
ni que sean demasiado complejas que no las entiendan, ambas situaciones
pueden alejar a los niños del gusto por leer.

4ª etapa: profundizando en la comprensión de la lectura

Existe
una época en la que puede apoyar la lectura de su hijo pidiéndole que
le cuente o le lea algo que le pareció interesante. Cuando detecte
alguna palabra de difícil comprensión pregúntele qué entendió y si el
concepto no le queda claro, ambos pueden ir a buscarla en el
diccionario para ampliar juntos el vocabulario. Se recomienda que esto
solo sea de vez en cuando, para que no resulte contraproducente.

Parte
del placer de leer es el poder comentar con alguien las impresiones que
nos causó la historia, promueva estos momentos para saber qué piensa el
niño de algún personaje, cómo haría él para salir del conflicto
presentado por el cuento, etc. Por último, es bueno que el niño haga un
comentario final y que usted se dé cuenta cómo integró la experiencia.

Así
como debemos ser pacientes y contar o leer el mismo cuento hasta que el
niño decide cambiarlo por otro, también se debe ser respetuoso si el
cuento no es de su agrado y en un momento quiere cambiarlo aunque no se
haya terminado de leer, tal vez más adelante sí despierte su interés.

Los
niños son como los adultos, el cuento perfecto es el que se lee en el
momento propicio de la vida, como si se engarzara la historia con la
propia vivencia, integrando el interés y la trascendencia de lo
comprendido en la propia experiencia.

Bibliografía:

Bettelheim, Bruno. Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Barcelona: Grijalbo, 1988
Lluch, Gemma. Cómo analizamos relatos infantiles y juveniles. Bogotá: Norma, 2003

Fuente: http:// repiensa.org.mx

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