La nueva Ley del Libro divide al sector navarro

La gran novedad de la ley es sobre todo la parte que afecta al comercio de los manuales de texto, que representa un porcentaje muy alto en las ventas anuales de pequeñas y medianas librerías. Unos comercios que cada vez más se ven invadidos por las grandes superficies, que ahora "van a aprovechar esta liberalización para bajar los precios como reclamo para que los padres compren en sus instalaciones otro tipo de productos", explica Abarzuza. Sin embargo, desde el Corte Inglés de Pamplona, convertido desde su apertura en octubre de 2005 en una de las "amenazas" más peligrosas para estos pequeños comercios, aseguran que "como siempre hemos hecho, no seremos beligerantes con los descuentos y actuaremos con la debida prudencia".

Sin embargo, es un hecho demostrado que en los últimos años, y conforme abrían grandes superficies en Pamplona, se cerraban librerías. De ahí que el Gobierno, en opinión de Abarzuza, "no se haya atrevido a hacer frente a grupos de presión económicos que suponen las grandes cadenas". Y ellos están consiguiendo que la venta de libros se esté asemejando cada vez más a un bazar", añade José María Gil, de Santos Ochoa. A este respecto, Javier Morote, responsable de la librería Auzolan, prefiere mantenerse a la expectativa "porque no sabemos ni entendemos por ahora las repercusiones que esto puede tener, si finalmente las grandes superficies pueden hacer lo que quieran y venden los manuales a 10 céntimos". Si esto ocurriera, librerías como Auzolan, en donde los libros de texto representan el 40% de las ventas, "nos veríamos seriamente perjudicados". Quizá esta nueva ley, añade Morote, "ha querido contentar a todos y esto es imposible".

En lo que sí están de acuerdo los libreros y editores navarros es en el acierto de la medida del precio fijo. Hasta ahora, la ley permitía un descuento de hasta el 5% en los libros, que no todas las librerías podían llevar a cabo. Y de esta forma, la nueva legislación sí es positiva en cuanto "iguala a todos, aunque es un paso muy corto que sólo corrige otro paso atrás que se había dado con los descuentos del 5%". Una legislación que aprobó el Gobierno del Partido Popular, y que "aunque fue mala en su momento, ha acostumbrado al cliente, al que ahora hay que hacer entender que no puede disfrutar de esa rebaja", según Abarzuza. Para José María Gil, la desaparición de los descuentos es necesaria para evitar "una guerra suicida en el sector".

Unas perspectivas de cambio que, en opinión de Txema Aranaz, de la editorial Pamiela, no son tales en las circunstancias actuales "donde las grandes empresas del libro controlan la mayor parte de la distribución y de los puntos de venta, y esto del precio fijo es algo que no determina la bonanza de sus balances financieros".

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Ocio o cultura

El problema de fondo de toda esta polémica, es, en opinión de José María Gil, "que se valora a los libros como ocio y no como cultura". Y una finalidad de mercancía, a juicio de Aranaz, que se demuestra al comprobar "que cada vez más, los libros ocupan un lugar más marginal como valor social, y su lugar lo va ocupando el espectáculo mediático", porque, añade, "los libros que más triunfan son los que, previamente, han sido confeccionados o acondicionados como espectáculo".

La ley, que aún debe obtener el visto bueno del Congreso de los Diputados, sustituye a la regulación vigente desde 1975 y pretende, a juicio del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero, fomentar la lectura y la defensa de la diversidad cultural. Unas buenas intenciones, que, según Francisco Javier López de Munain , de la librería El Parnasillo se quedan en papel mojado, porque "la lectura no se fomenta con leyes, sino con hábitos y una correcta educación".

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