La lectura como antídoto contra el odio: Amos Oz, premio Príncipe de Asturias

Amos Oz, escritor premiado con el Príncipe de Asturias de las Letras: "Es difícil odiar a un pueblo si lees a sus autores"

El
escritor israelí Amos Oz ha sido distinguido con el Príncipe de
Asturias de las Letras 2007 por su labor literaria. Sus palabras
reflejan una cierta dualidad. La suya es una vida dividida entre una
parte literaria, en la que invierte las mañanas desde que se levanta a
las cinco en el desierto del Neguev hasta que echa una siesta; y una
parte política, pública, el resto del día, que dedica a escribir
"artículos diciendo al Gobierno que se vaya al infierno".

Amos
Oz, nacido en Jerusalén hace 68 años, también es dual en el sentimiento
por su país, Israel, por el que asegura sentir "una combinación de amor
e ira", y su idea del futuro, entre la esperanza de alcanzar la paz y
el escepticismo sobre el fin del fanatismo.

ENTREVISTA A AMOS OZ, EN VÍSPERAS DE LA ENTREGA DEL PREMIO: 
¿Qué supone para usted compartir el escenario del Teatro Campoamor con víctimas del Holocausto?

Recibir
el Príncipe de Asturias es un tremendo honor por el amor que profeso a
la literatura española y a Latinoamérica. Y es un honor mayor el
compartir el escenario con el Yad Vashem, porque se trata del recuerdo,
de recordar. Escribir literatura es también recordar.

En España se hace revisión de la historia. ¿Todos los pueblos deben hacer memoria?

Es
crucial poder mirar al pasado directamente a los ojos, pero hay que
tener cuidado de no quedar hipnotizado por el pasado. Hay que mirar
atrás para poder olvidarlo, y luego recordar que se ha olvidado.

¿Es posible la reconciliación entre árabes e israelís?

Sí,
es posible siempre que no se base en el olvido total. La reconciliación
tiene mala reputación, sobre todo entre los idealistas, que creen que
el compromiso es incoherente. Pero yo creo que el compromiso es vida, y
lo contrario de la vida es el fanatismo. Y se lo digo yo, que sé algo
sobre el compromiso… ¡Llevo casado 47 años con la misma mujer!

Ha escrito usted mucho contra el fanatismo. ¿Confía en una cura?

Me
temo que no. Es como un gen malo del ser humano. Se puede contener,
pero no se puede eliminar. El fanatismo existe no solo en la religión o
en la sociedad, sino también en el seno de la familia.

¿Cuál sería su solución para Oriente Próximo?

La
solución es retomar el compromiso histórico entre palestinos e
israelís. Los palestinos reclaman su derecho sobre la tierra, y tienen
razón. Los judíos israelís, también. La solución es dividir la tierra
en dos naciones: Israel y Palestina, y que convivan en paz. Si me
pregunta en cuánto tiempo, lo desconozco. Pero no existe otra
alternativa.

¿Qué papel tiene Europa?

Europa
se equivoca al adoptar una postura de institutriz victoriana,
apuntándonos con el dedo índice. Debería ayudar a palestinos e
israelíes a superar inseguridades, y a trabajar para solucionar el
conflicto.

¿Y Estados Unidos?

Ha cometido muchos errores. Uno colosal ha sido la invasión de Irak. Es imposible imponer una democracia con pistolas.

Daniel Barenboim y Edward Said, también premiados, lucharon por la paz a través de la música. ¿Sirve la literatura como arma?

La
literatura es un vehículo maravilloso para mejorar la comunicación. Es
difícil odiar a un pueblo si se ha leído a sus autores.

"La novela que uno tiene en la cabeza es mucho mejor que la que acaba haciendo", ha dicho.

¡Es
la historia de mi vida! Cada novela contiene tres novelas: una, la que
he leído; otra, la que he escrito; y la tercera, la que hubiese escrito
si fuera bueno.

¿Qué conoce y qué le gusta de la literatura española?

Me
he jurado que no daría nombres… He leído siempre traducciones, y
siento la literatura española cerca de mi corazón. Es apasionada,
visceral y cálida.

¿Qué le halaga más que distingan, su trayectoria literaria o su compromiso político?

Es
difícil responder. Cada vez que recibo un premio siento cierta humildad
y, a la vez, gratitud. En mi fuero interno creo que otorgar un premio a
la literatura es curioso, porque es premiar algo que habría hecho de
todas formas. Si hubiese tenido que pagar una multa o un castigo, lo
habría hecho igual.

Imparte clases en la universidad. ¿Tiene usted esperanza en las generaciones futuras?

Me gusta la enseñanza, es como una experiencia erótica. El contacto con los jóvenes es una experiencia, es la vida.

¿De qué hablará en su discurso en Oviedo?

De por qué hay que leer las novelas y qué se puede hacer en Oriente Próximo.

Fuente: 26/10/2007 BLANCA A. GUTIERREZ. Diario de Córdoba

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