La industria editorial, en punto muerto (Maria Jesús Pérez – ABC)

 El reto es entrar en Estados Unidos. «El sector editorial español ha estado tradicionalmente muy internacionalizado. Primero, por el vínculo con América Latina y, luego, desde la integración en la Unión Europea con los países que la componen. La penetración en el mercado de EE.UU. ha sido siempre minoritaria y dificultosa», explica José María Álvarez de Lara, profesor de Esade. Por ello, el motivo de mayor preocupación entre los empresarios del mundo editorial español en los últimos años ha sido, y sigue siendo, la falta de crecimiento continuado. La industria, dicen, está ampliamente consolidada, pero falta una clara y definitiva expansión. De hecho, el sector lleva estancado diez años, con un crecimiento anual del entorno del 1%, según los datos aportados por el último Estudio sobre Comercio Interior del Libro en España realizado por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE). Durante el ejercicio pasado, facturó 2.933 millones de euros, un 1,8% más que en 2004. Rozó los 70.000 títulos editados (un 2,6% más que un año antes) y de los 321 millones de ejemplares editados se vendieron algo más de 230 millones, casi un 3% menos que en 2004. Cosas por hacer El presidente de la FGEE y del Grupo Santillana, Emiliano Martínez, explica que la causa del escaso crecimiento se debe a que el sector librero es ya un «mercado maduro», y, si bien está «relativamente satisfecho» con su evolución, faltan cosas por hacer. Por ejemplo, los expertos coinciden en que la reducción del canal de distribución más tradicional, el de las librerías, empobrece el servicio al ciudadano. «Es causa de preocupación la pérdida de presencia de las librerías tradicionales, que siguen cediendo terreno en su desigual batalla con las grandes cadenas y los hipermercados. Con todo, las librerías cuentan aún con un 48,8% de la cuota de mercado, si bien han cedido dos puntos», apostilla el presidente de la FEGG. «Una de las carencias más importantes de esta industria española es, sin duda, la falta de limitación de títulos editados, uno de los más altos en Europa con cerca de 70.000 anuales. Ahora bien, la disponibilidad de los productos en el mercado debido a una distribución muy fragmentada es la asignatura pendiente de esta industria», añade el profesor de Esade. En la actualidad, existen en España más de 3.000 editoriales, de las que la gran mayoría son empresas medianas e independientes, y que dan empleo a un total de 3.746 personas. Cada año se abren en España una media de 200 editoriales, pero algunas no sobreviven ni un ejercicio desde su apertura, y ni tan siquiera llegan a publicar. Además, debido a la concentración editorial llevada a cabo en las última décadas, la distancia entre las consideradas grandes editoriales y el resto se ha incrementado. Del total, unas 400 empresas figuran como pequeñas editoriales, con siete empleados como media y una facturación de hasta 600.000 euros al año. Entre el 2 y 2,5% del PIB El peso económico del sector varía mucho dependiendo de qué tipo de empresas se mida. Por ejemplo, las 770 empresas -más de 400 de ellas pymes- agrupadas en la Federación Española de Gremios Editores de España (FGEE), movieron en 2005 -últimas cifras disponibles- un total de 4.000 millones de euros, lo que supone un 0,7% del PIB español. «Si bien se puede calcular que el conjunto de las industrias culturales representa entre un 7 y un 8% del PIB, el sector editorial de libros supone entre el 2 y el 2,5%. La participación en el PIB de las industrias culturales está creciendo tanto en España como en el resto de los países avanzados», añade Álvarez de Lara. Pero la base de la industria editorial española, al igual que en el resto del mundo, se sustenta en grandes grupos empresariales o «holding». «Esta industria está básicamente estructurada alrededor de un 4% de empresas que representan el 65% de las ventas. Además, el 25% de las empresas pertenecen a un grupo o a un «holding»», apunta el profesor Álvarez de Lara. El grupo Planeta encabeza la relación de grupos editoriales por cifra de ventas con empresas tales como Planeta, su socia italiana Planeta de Agostini, y Espasa Calpe, propiedad también de la primera. En esta relación se encuentra el grupo Bertelsmann con las empresa Círculo de Lectores y Random House Mondadori, y luego los grupos Santillana, Anaya y Océano. Diversificar y especializarse Los expertos opinan que si bien no se puede generalizar diciendo que el futuro de la industria editorial pasa por la diversificación del negocio -algunas, las no tan grandes, contemplan su futuro con éxito especializándose como por ejemplo el sector de la literatura, el de la edición científica y técnica o la edición jurídica-, a nadie se le escapa que los grandes grupos, tanto nacionales como internacionales, se han diversificado y continúan haciéndolo en sectores afines al de las industrias culturales, tales como la prensa, las revistas y el mercado audiovisual (cine y televisión). El Grupo Planeta apostó desde sus inicios (se fundó en 1949) por la difusión internacional del libro. Hoy cuenta con una sólida red de editoriales en Iberoamérica y Portugal. Ejemplo de ello son la propia Editorial Planeta en Argentina, Chile, Uruguay, Colombia, Venezuela, Ecuador, México y USA; Emecé Editores en Argentina; Joaquín Mortiz en México y Dom Quixote en Portugal. Además, dentro de la estrategia de erigirse como Grupo de Comunicación proveedor de contenidos a través de múltiples canales y soportes, el Grupo Planeta ha tomado participaciones en diversos medios de comunicación. Desde junio de 2003, junto a De Agostini, es el accionista de referencia del Grupo Antena 3, que incluye Antena 3 TV y la cadena de radio Onda Cero. Es accionista de referencia del diario «La Razón» y, junto al Grupo Godó, también del periódico catalán «Avui», además del gratuito «ADN». El socio italiano de Planeta, Editorial Planeta DeAgostini, se constituyó en el año 1985 para centrarse en tres grandes áreas: los coleccionables, los productos interactivos -enciclopedias, cursos y obras infantiles en soporte electrónico-, y los cómics. Opera en España, Portugal, Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, México, Portugal, Uruguay y Venezuela. Pero el gran cambio le llegó con la llegada a su presidencia de Marco Drago, en 1997. El grupo De Agostini es propiedad de 30 familiares, incluido Drago, que posee en torno al 5,7% el capital. El año pasado logró la mitad de sus ingresos de la aseguradora Toro, que compró a Fiat en 2003 y que vendió en junio a Generali por unos 3.900 millones de euros. De Agostini también posee inversiones en medios de comunicación como Antena 3, y empresas de distribución de cine y DVD. Su última «diversificación» de negocio ha sido reciente: en octubre, adquiría Gtech Holdings, el primer fabricante de equipos de lotería del mundo, realizada a través de su filial Lottomatica. El grupo Bertelsmann se fundó en Alemania en 1835, a partir de una editorial familiar, pero muy pronto empezó a diversificarse hacia los medios de comunicación, la línea que siguen ahora las grandes del sector editorial. Sus propiedades engloban edición de prensa escrita, productoras de música y películas, servicios «on-line» y firmas editoriales. Es el gigante europeo de la comunicación y uno de los más grandes del mundo. En estos momentos, el grupo, con presencia en 50 países y más de 300 centros de negocio, opera en la Unión Europea (UE), Iberoamérica, Estados Unidos, África y Asia. En España el grupo centra su actividad en el campo editorial, donde cuenta con Círculo de Lectores y el Grupo Editorial Bertelsmann (Plaza & Janés, Lumen, Mondadori, Debate, Grijalbo, etc). En el año 2000 Bertelsmann y el grupo Planeta fundaron DeBolsillo, quedándose Berstelmann con el control de la empresa un año más tarde. DeBolsillo fue lanzada en Santiago de Chile a través de la Editorial Sudamericana, propiedad del conglomerado alemán. En cuanto al sector audiovisual controla RTL, la cadena de TV con base en Luxemburgo (22 cadenas de televisión y 18 de radio en toda Europa). A través de RTL el grupo participa en la cadena española de televisión Antena 3. Posee, además, una parte del canal de pago alemán Premiere; los también alemanes Club RTL, RTL2, Super RTL y Vox, el Canal 5 británico y los franceses M6 y TMC, entre otros. Otra línea a seguir es la del Grupo Editorial Santillana, integrado por un conjunto de empresas que desarrollan su actividad en el área lingüística del español y del portugués. A lo largo de su existencia, el Grupo Santillana ha ido consolidando su especialización en la edición educativa, extendiéndola más allá de las fronteras españolas, con especial atención a Iberoamérica, donde el grupo es líder en el sector de libros para la enseñanza. Aunque en su origen el Grupo Santillana es netamente español, en la actualidad está presente con empresas propias en la práctica totalidad de los países de habla hispana, además de Portugal, Reino Unido, Brasil y Estados Unidos. Desde marzo de 2000, el Grupo Santillana forma parte del Grupo Prisa, al que pertenecen, entre otros medios de comunicación, el diario «El País». «As», «Cinco Días»; la Cadena Ser; la entidad de televisión Sogecable, que incluye la televisión en abierto Cuatro y la plataforma de televisión digital vía satélite Digital+. Diferente caso es el de los grupos Anaya y Océano, comprometidos al 100% con el mundo del libro. El Grupo Anaya, está integrado en el Grupo Lagard_re desde enero de 2004. Entonces, tras la autorización de la Comisión Europea para la compra del 40% de Editis, antigua Vivendi Universal Publishing, por el Grupo Lagard_re, Grupo Anaya, con José Manuel Gómez como presidente, queda integrado en la división Hachette Livre del mismo grupo. Apoyo gubernamental Y mientras los grandes grupos crecen y crecen, y se posicionan en el mercado exterior, las «otras» esperan mayor apoyo gubernamental y de las diversas instituciones que afectan al sector. En este sentido, ¿qué está haciendo el actual Gobierno para reforzar esta industria? Por su importancia y su influencia en el mundo cultural, todos los gobiernos, en mayor o menor medida, y con mayor o menor suerte, se han preocupado de la industria editorial. Para el profesor Álvarez de Lara «en cierta época fueron los incentivos a la exportación así como las subvenciones al consumo de papel las medidas tomadas para fomentar la actividad de esta industria, que si bien no tiene la importancia económica de otras, tiene más «glamour»». Con la recuperación de la democracia, los sucesivos gobiernos lanzaron diferentes planes de fomento a la lectura que conocieron éxitos diversos. Pero el debate permanente en el sector es el «precio fijo», con argumentos convincentes tanto en un sentido como otro y con experiencias ajenas que dan elementos para la controversia. «Es cierto que, si bien el índice de lectura es bajo comparado con los países del norte de Europa, el número de lectores ha aumentado como consecuencia del incremento del nivel cultural del país», analiza el profesor de Esade. Para fomentar la presencia editorial española en el exterior, la FGEE y el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX) han destinado este año un presupuesto de 1,8 millones de euros, que ha servido para participar en ferias en el extranjero, organizar misiones comerciales inversas de compradores de otros países y poner en marcha los planes del Libro en Español en Estados Unidos y de derechos en el Reino Unidos. 

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