Desde el pasado mes de diciembre, la incertidumbre embargaba a unas cuantas niñas de la ciudad, que dudaban del lugar de trabajo de sus madres. Decían que cada mañana, sus madres iban a vender imaginación, atrapar aventuras, crear sueños y conocer mundos. O al menos eso es lo que les contaban.
Nadie era capaz de descubrir qué lugar de trabajo podía ofrecer esas posibilidades. Las dudas habían llegado a oídos de sus maestros y maestras, que rápidamente se habían puesto en contacto con las fuentes policiales para intentar desvelar el secreto de aquellas niñas que hablaban de entregas y devoluciones masivas de documentos.
Y tras meses de investigación, se ha llegado a la conclusión de que, según dicta el informe policial creado al respecto:
A pesar de que las mujeres investigadas jamás han portado toquilla ni se peinan con moños, ni llevan gafas ni faldas por los tobillos
A pesar de que no utilizan el shhhhhhhhhhh eterno y habitual de este tipo de personajes
A pesar de que no se pasan la jornada laboral sentadas tras el mostrador oscuro
A pesar de que saben qué significa Facebook, msn, tuenti y pen...
Las mujeres a las que hemos investigado para averiguar qué negocio llevaban entre manos son BIBLIOTECARIAS.
Bibliotecarias que abren las puertas a la lectura cada mañana, que cuentan historias a los niños cada tarde, que disfrutan con las palabras rimadas, las músicas de las canciones populares, las historias impresas y el olor del papel nuevo y viejo.
Elementos escasos de los que dicen que en breve se prescindirá, pero que son esenciales para llevar adelante un centro como en el que trabajan, donde son punto de referencia para todo aquel que quiera acercarse a la lectura de una manera divertida y fácil.
Y así pues, la policía, como conclusión a la operación, no pudo más que felicitar a esas mujeres por su labor, desear que su trabajo continúe durante mucho tiempo y dar la enhorabuena a las niñas causantes de la investigación por tener la suerte de tener una madre bibliotecaria en casa.
(Premiado en el 8º concurso Reporteros Kirico 2011)
Ana Soriano Valdés. 12 años. Ibi, Alicante.
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