Gustavo Puerta analiza la última entrega de Harry Potter

Más allá del fenómeno y del prejuicio
Harry Poter y el misterio del príncipe sale a la venta con un millón de ejemplares

Adolescente, atribulado, más crítico y solitario. Así es el mago más famoso de Howards y la estrella indiscutible del mercado editorial en la sexta entrega de la milmillonaria saga que hoy sale a la venta en todos los países de habla hispana. En Harry Potter y el misterio del príncipe Joanne Kathleen Rowling ha enriquecido y consolidado su estilo, profundizando en el diálogo, la trama y la psicología de los personajes.

El 16 de julio de 2005 fue el lanzamiento mundial de Harry Potter and the Half-Blood Prince, la sexta y penúltima entrega de la serie. Siete meses y una semana después se publica su traducción en español: Harry Potter y el misterio del príncipe. Entre una fecha y otra, con independencia de las geografías y de los idiomas, vamos a observar paralelismos tanto en el despliegue mediático y comercial como en las reacciones de sus apasionados y a veces histéricos destinatarios. Sin embargo, sólo un par de diferencias hace evidente la brecha que hay entre el mundo iberoamericano y el anglosajón. En primer lugar, llama la atención que se haya optado por cambiar el título de la obra en la edición española, pues la traducción más precisa vendría a ser Harry Potter y el príncipe mestizo. Esta variación es muy significativa ya que pone de manifiesto la presencia del imperativo de lo políticamente correcto que tanto asfixia la producción local de literatura infantil y juvenil. En segundo término, en Estados Unidos y el Reino Unido a la aparición de cada uno de los libros de esta saga le han acompañado la publicación de sus respectivas críticas literarias en los principales periódicos, suplementos culturales y revistas literarias.

Un fenómeno masivo
En nuestro caso, los lanzamientos y todas las noticias referentes a la pottermanía han gozado de buena prensa; en las entrevistas a escritores consagrados a menudo salta la pregunta “¿Y a Ud. qué le parece Harry Potter?”; y son numerosos los reportajes que se han dedicado a intentar desvelar por qué este libro es tan exitoso en un público que en apariencias no lee. Sin embargo, son escasas las críticas que se han dedicado a valorar sus méritos literarios.

Un caso que ejemplifica el interés imperante en España por el fenómeno masivo, en detrimento del análisis de la obra, y su vinculación con la importancia que en estas latitudes se le da a la función pedagogizante de la literatura infantil y juvenil está representado por la concesión del Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2003 a Joanne Kathleen Rowling. La entrega de este galardón ha sido justificada por el hecho de que la autora de Harry Potter ha “logrado que niños de etnias y culturas de todo el mundo hayan descubierto la bondad de la lectura y encontrado (…) un estímulo para la imaginación y la creatividad” y, sobre todo, porque la serie promueve “la identificación de los jóvenes con valores humanos tan esenciales como el discernimiento entre el bien y el mal, la importancia de la cooperación (…)”. Es de destacar que ni en las Actas del Jurado ni en la presentación se hace alguna referencia a la calidad literaria de la obra, sólo se repite la dimensión del fenómeno social y el interés de estos libros como medios para la transmisión de valores.

Más misterio, menos moralina
La brecha entre el mundo anglosajón y el iberoamericano de la que hemos hablado quedó una vez más patentizada en el discurso que para esta ocasión pronunció J. K. Rowling. La autora se desmarca de la intención moralizante que se le atribuye a su obra y afirma que al escribir Harry Potter, “desde luego mi intención no fue ni enseñar ni predicar a los niños. De hecho, creo que salvo raras excepciones, las obras de ficción infantil sufren si el autor o la autora está más interesado en instruir a sus lectores que cautivarlos con un cuento”.

La evolución de una saga
Cautivar en vez de instruir. Preocuparse por las formas más que por la moraleja. Atender más a lo literario que a lo juvenil. Estos son rasgos que definen la escritura de la saga de J. K. Rowling y que se ven reflejados en una serie de méritos narrativos (y quién sabe si son la verdadera razón de su éxito). En primer lugar, en los personajes.

El Harry Potter de El misterio del príncipe es diferente al de La piedra filosofal. Entre la primera y la sexta entrega ha madurado como niño y como personaje, los hechos que le han tocado vivir no sólo han dejado huella en él sino lo han llevado a ser quien ahora es. Pero esta evolución que ostensiblemente se aprecia en sus poderes mágicos y en su desarrollo físico también se articula, e incluso con mayor fuerza, en la complejidad psicológica del protagonista. Los cambios graduales que ha venido experimentando el ahora adolescente lo han vuelto más solitario y reservado, menos confiado y más crítico. Además, esta evolución no se limita al protagonista. En la serie, cada uno de los personajes goza de vida propia y libro tras libro la autora nos desvela información acerca de cada uno de ellos, transformando así la imagen que como lectores nos habíamos hecho.

Cabos sueltos
Al igual que los títulos que le preceden, en El misterio del príncipe la narración avanza en dos direcciones: hacia el pasado, revelando información que nos permite enriquecer nuestra idea de cómo y por qué suceden las cosas; y hacia el futuro, creando expectativas, anunciado hechos y alimentando el suspense. En un caso y en otro, al progresar en la lectura, siempre la sorpresa y lo inesperado tienen protagonismo. Sin embargo, en esta entrega se percibe un especial y en ocasiones cansino esfuerzo de la autora por atar cabos hasta ahora sueltos, sembrar pistas y adelantar información sobre el próximo libro, el séptimo y último volumen.

Vista en conjunto hay un cambio entre la primera mitad de la saga y la segunda. Si en un inicio preponderaban las descripciones, la referencia a seres u objetos maravillosos y las aventuras, en el segundo bloque se atiende más al diálogo, las relaciones interpersonales y la dimensión psicológica. Entre otras razones que pueden explicar este giro, podemos pensar que al comienzo de la serie la prioridad era crear un mundo mágico convincente y atractivo. Mientras que los títulos posteriores ya pueden partir de ese aval.

Un estilo consolidado y mejorado
Ahora bien, uno de los logros que mejor demuestran los méritos de J. K. Rowling es que cualquiera de los títulos de la serie puede ser leído sin conocimiento de los anteriores. Es cierto que el lector novato pasará por alto algunas referencias y alusiones que hacen las delicias del entendido. No obstante, es importante reconocer que cada entrega funciona igualmente bien como unidad o como parte de un todo. En este sentido, también es destacable que una vez que se ha leído alguno de los últimos títulos la lectura o relectura de las obras precedentes se enriquece y adquiere nuevos matices.

Harry Potter y el misterio del príncipe es a nuestro parecer el libro más conseguido de la serie. Las referencias a los momentos históricos que nos han tocado vivir, las proyecciones biográficas de la autora y el empleo de recursos de la tradición literaria son sutiles y agudos. La trama argumental no tiene la pesadez de otras entregas, se hace un empleo más sensato, aunque todavía excesivo, de los gags humorísticos y Rowling tiene un mayor dominio de las elipsis, las reiteraciones y de la introducción de explicaciones. Quizás por estas razones sea el título que más recomendamos para aquellos adultos que deseen sobreponerse a los prejuicios imperantes y quieran tener una opinión de primera mano del libro que eclipsa el fenómeno.

Gustavo PUERTA LEISSE

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