El libro y la ‘brecha educativa’ del español

La II Acta Internacional de la Lengua Española, celebrada en Bogotá, ha servido para poner de manifiesto la necesidad de luchar contra la 'brecha educativa' entre el espacio hispanoparlante y los territorios más desarrollados del planeta, y para recalcar el papel trascendental que puede desempeñar el sector editorial en ello.

La ciudad colombiana, Capital Mundial del Libro 2007, acogió entre el 27 y el 29 de junio este importante encuentro internacional sobre el español, organizado por el Ministerio de Cultura de España, en colaboración con la Fundación Biblioteca de Literatura Universal (BLU) y CajaSol.

Este encuentro, que reunió a expertos editoriales de ambos lados del Atlántico, incidió en la importancia económica del idioma y del fomento de la industria cultural y profundizó en distintos aspectos claves para el éxito de una política del libro.

Las estadísticas de la Organización de Estados Iberoamericanos indican que el 40 por ciento de la población de Iberoamérica está en la lista de analfabetos funcionales, y la lucha contra esta tara debe comenzar ya, porque en 2020, cuando en América Latina vivan 664 millones de personas, la tarea será aun más ardua, si perdura el retraso.

Pero junto al progreso de la política cultural, también se observa una deficiencia estructural. Las asociaciones de editores y libreros están aún lejos de ser referencias efectivas para el diálogo con los Estados. De hecho, los libreros acaban de llevar a cabo su primera reunión conjunta, y el Grupo de Editores tiene una historia aún breve.

En esta II Acta de Bogotá se han dado pasos adelante. Una de las conclusiones más importantes del encuentro es la propuesta al Grupo Iberoamericano de Editores (GIE) a asumir, frente a los gobiernos de la región, el liderazgo de un proyecto que fomente la unidad latinoamericana en la materia, controlando la libre circulación del libro y demandando a IATA tarifas adecuadas para el flujo comercial.

Richard Uribe, directivo del Centro para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLAC), afirmó, al término del encuentro, que se había avanzado en el refuerzo estructural del sector.

También se puso de manifiesto la necesidad de una política de fomento de la lectura y de bibliotecas públicas, iniciativas que generan un goteo permanente de nuevos lectores.

Se echa en falta, en las conclusiones, una referencia más decidida al ámbito de las librerías. En algunos países, México es un ejemplo, apenas existen y en otros se concentran en una reducida área. En Chile, el 42 por ciento está en la zona de Santiago.

Richard Uribe señaló que apenas podía hablarse de un buen nivel de librerías en Costa Rica, y eso de un par de años hacia acá, y explicó que algún gobierno está creando una red propia de librerías, algo que no deja de ser una medida imperfecta, un parche, porque una red de este tipo no garantiza una real bibliodiversidad.

Para Uribe, la producción de libros de América Latina es de unos 70.000 títulos anuales, de ellos, unos 20.000, muy válidos para que circulen por todo el territorio. De momento, el escaso flujo interterritorial es también otra deficiencia.

El encuentro de Bogotá ha supuesto un avance importante respecto al primero, celebrado el año pasado en San Millán de la Cogolla (La Rioja, España), donde se reafirmó el valor económico de la lengua.

En este segundo, se han centrado desde el primer momento los problemas del ámbito editorial y se han diseñados soluciones.

El tercero, que tendrá lugar en la ciudad española de Huelva el próximo año, se desarrollará en torno a los ámbitos audiovisuales.

No hay duda de que la iniciativa llegará al ecuador de su proyecto, con una excelente obra hecha.

Terra Actualidad – EFE

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