Editores independientes piden un ‘rincón’ propio en las librerías (El Paìs)

Y el Grupo Bibliodiversidad, 36 editoriales independientes, acordó con las librerías hacerse más visibles y crear un foro permanente de diálogo para establecer actividades conjuntas. El rincón de la bibliodiversidad, o la visibilidad de los libros de las pequeñas editoriales en las librerías, y el precio fijo fueron los temas que centraron el último acto de la feria.

La mesa redonda Libreros y editores independientes: encuentro en la bibliodiversidad cerró ayer por la tarde los actos de la 65ª Feria del Libro en el Retiro. Son 36 editoriales independientes madrileñas que por sexto año consecutivo han estado en la cita literaria. ‘Los dos sectores [editoriales independientes y librerías] defendemos varias posiciones similares como el precio fijo del libro y actividades y políticas que favorezcan el libro y la lectura’, afirma Francisco Ibáñez, presidente del Grupo Bibliodiversidad y director de la editorial Castalia.

El diálogo por conseguir El rincón de la bibliodiversidad va por buen camino. ‘Queremos que de la misma manera que las editoriales grandes tienen espacios amplios para promocionar sus títulos, nosotros también disfrutemos de esa estrategia’, pide Ramiro Domínguez, director de Silex Ediciones y presidente de la Comisión Pequeños Editores. ‘Queremos asegurar nuestra supervivencia en el ecosistema literario’, agrega Domínguez. Otro objetivo de estos dos sectores es el del precio fijo. ‘Defendemos a ultranza esa iniciativa porque de lo contrario corremos el riesgo de desaparecer’, coinciden Ibáñez y Domínguez. Sobre los libros de texto dicen que el anteproyecto de la Ley del Libro del Gobierno es muy ambiguo. Por lo pronto, han asegurado con las librerías la creación de un foro permanente.

Un cierre de jornada positivo. Ésa era la misión de La Guardiana del Retiro, esa mujer del cartel de la feria de cuya cabeza florecen y nacen libros de colores que salen buscando lectores. Cumplió con esparcir suerte y proteger el evento de las tradicionales lluvias de estas fechas, según había vaticinado Ana Juan, la ilustradora responsable del cartel. ‘Una imagen que fusiona primavera y literatura al convertir el libro en un ser vivo que vuela y se escapa buscando nuevos ojos a los que conquistar, teniendo como eje una figura femenina’, explica la artista y escritora.

Aunque para algunos La Guardiana se pasó ayer con el calor, lo cierto es que desde antes del concierto de las persianas de las casetas a las 10.30 de la mañana, cuando abrían, ya había muchas personas por el paseo de Coches del Retiro.

Junto a los más de 100 autores que acudieron a la cita con su público, también estaba Feria, la gata blanca de cabeza y cola gris que se convirtió en la mascota del evento cuando apareció por allí el primer día. La peregrinación hasta el pabellón de la organización para verla, acariciarla o querer llevársela duró toda la mañana. Hasta que Teodoro Sacristán, director de la feria, accedió a que se la llevara un traductor de francés que parecía reunir todos los requisitos para hacerse cargo del animal. Eso sí, con la condición de que conserve el nombre y de que el próximo año la lleve por allí.

A su alrededor, las colas para hacer firmar no generaron muchas aglomeraciones. El protagonismo fue repartido, a diferencia de otros días. Y a medida que avanzaba la mañana, se veía más gente, más sombreros, más gorras y más abanicos.

Y mientras Ramón Chao, periodista de Radio Francia y crítico literario de Le Monde des Livres, presentaba su última novela: Las travesías de Luis Gontán (Tabla Rasa), en el Pabellón de Encuentros de la Fundación Círculo de Lectores, en alguna caseta se promocionaba una sesión, taller o clases de hipnosis. Precisamente, uno de los temas exitosos de esta 65ª edición, junto a libros sobre esoterismo, fenómenos paranormales y vidas de más allá y de cualquier lado.

La mañana se despidió con el avance entre el público de cuatro soldados enviados por Darth Vader. Militares de asalto al servicio del imperio de La guerra de las galaxias. Cuatro hombres hechos agua bajo sus armaduras blancas robotizadas que llamaban la atención sobre el último volumen de la serie: El señor oscuro (Alberto Santos). Por los alrededores duendes, bucaneros y mimos promocionaban libros mientras intentaban que el sudor no se llevara el maquillaje, y un cuentacuentos pedía a los niños que estiraran sus manos hacia él, movieran los dedos y le enviaran energía para entre todos imaginar la historia a contar.

Comentarios

¿Tú qué opinas?

Si quieres recibir información de Club Kirico, suscríbete a nuestras novedades