Decálogo para estimular la lectura en familia

Una familia comprometida con la lectura…

1.
Es aquella que anima a leer incluso antes de que su hijo o hija sepa
leer. Proporcionar a niños y niñas libros bien ilustrados para que
hojeen y se recreen mirando las imágenes es una buena manera de empezar
a amar la lectura.

Los libros sin texto también se leen, es
evidente. Las personas adultas podemos hacer de mediadores con los
pequeños, pero también favorecer el que ellos y ellas interpreten lo
que ven dibujado o fotografiado a su manera y que dialoguemos sobre
esas interpretaciones. Un libro siempre es una oportunidad para la
sorpresa y para el encuentro.

2. Es aquella que cuenta cuentos a
sus hijos e hijas, les recita rimas y poesías, se las lee en voz alta y
llena sus oídos de musicalidad y de magia.

A lo largo del día
(y probablemente unos días más que otros) hay algunos momentos
especiales para que -desde los primeros meses o años- niños y niñas
oigan las más hermosas palabras rimadas y cantadas, acompañadas de
juegos con las manos y de cálida musicalidad. Para ello podemos
utilizar libros que contengan retahílas, folclore infantil, letrillas,
canciones, historias rimadas… y aprovechar las que nosotros
conocemos, las que nos cantaron y contaron nuestros padres y madres,
los abuelos y abuelas. Convertirnos en eslabones activos de la
transmisión oral

3. Es aquella que da ejemplo leyendo libros,
revistas, periódicos y permite que sus hijos e hijas los sorprendan
frecuentemente con uno de ellos en las manos.

Reconociendo que
nada es infalible y que ninguna práctica nos asegura el éxito, parece
razonable pensar que si nuestros hijos e hijas nos sorprenden
frecuentemente con material de lectura en nuestras manos, es posible
que sientan una creciente curiosidad por saber qué guardan, qué
contienen esos libros, revistas o periódicos…

4. Es aquella que
acompaña a sus hijos e hijas a visitar exposiciones, que asiste a
funciones de títeres o teatro y a otros espectáculos culturales para ir
afinando la sensibilidad y la imaginación de sus pequeños.

Es
evidente que los caminos que conducen a la lectura y al libro son
diversos y, en ocasiones, variopintos. Todo aquello que potencie y
desarrolle la sensibilidad y la imaginación parece encaminado a ofrecer
argumentos favorables para el acercamiento a todas las manifestaciones
de la cultura y, por supuesto, al libro, a la lectura y a las
bibliotecas.

5. Es aquella que comparte y comenta las lecturas de sus hijos e hijas.

Desde
que nuestros hijos e hijas son pequeños podemos hojear con ellos y
leerles libros, haciendo distintas voces según sea el personaje que
habla, abundando en gestos y expresividad y haciendo de la lectura un
tiempo agradable y divertido. Es adecuado estar siempre dispuestos y
dispuestas a abrirles un libro para ayudarles a desvelar su contenido y
hablar y comentar cómo son, cómo se comportan, qué han hecho, qué
podrían hacer quienes lo protagonizan.

6. Es aquella que acompaña
a sus hijos e hijas a los lugares donde están los libros (librerías y
bibliotecas) para mirar y seleccionar juntos y los anima a acudir a la
biblioteca escolar del colegio.

Interesarse, acompañar y ayudar a
elegir, orientando a las criaturas sobre lo más adecuado a su edad, a
sus intereses. El padre y la madre pueden buscar previamente
asesoramiento en el profesorado especializado, en las personas
encargadas de la biblioteca, etc.

7. Es aquella que fomenta y cuida la biblioteca familiar o personal y destina en su casa un espacio adecuado para ello.

Es
una buena práctica, favorecedora del aprecio por los libros y la
lectura, el hecho de formar, desde los primeros años, la biblioteca
personal del niño o de la niña: un espacio de fácil acceso donde se
irán colocando los libros regalados o comprados, pero también las
revistas del colegio o los libritos que puedan ir haciendo en clase,
álbumes de cromos y de fotos, etc.

8. Es aquella que aprecia y lee, con sus hijos e hijas, las publicaciones que se hacen en el colegio.

Si
el centro de enseñanza al que acuden nuestros hijos e hijas realiza
publicaciones periódicas: monografías, revistas, libritos…, cuando
llegan a nuestras casas esas publicaciones debemos tomarlas con interés
y leérselas o leerlas y comentarlas con los pequeños.

9. Es
aquella que comprende que la compra de un libro no es algo excepcional,
aunque en las fechas señaladas (cumpleaños, Día del Libro, Reyes, etc),
no debe faltar, sino que lo considera parte de los gastos de educación
de sus hijos e hijas.

Los libros son portadores de la fantasía,
de los recuerdos, de la historia, de la cultura… Deben ser alimento
cotidiano para el cerebro y no deberían faltar en la infancia de ningún
niño, de ninguna niña.

10. Es aquella que se ocupa de ver algunos
programas de televisión, películas de vídeo, etc. con sus hijos e hijas
y que, juntos, comentan y comparten la experiencia.

Nada
lograremos oponiendo la lectura o los libros a los medios
audiovisuales. Es preferible la estrategia de la convivencia a la del
enfrentamiento (como en la vida). Por tanto, cuando podamos, veamos
también los programas, las películas, los vídeos que ellos y ellas ven
para poder intercambiar opiniones y contrastar pareceres o para
poderles explicar determinadas escenas o situaciones que, a  edades
tempranas, es probable que no entiendan.

Mariano Coronas  Cabrero

(Maestro de Primaria y bibliotecario escolar)

Comentarios

¿Tú qué opinas?

Si quieres recibir información de Club Kirico, suscríbete a nuestras novedades