¡Atrevéos a leer!

Mañana la Unión de Editoriales Universitarias Españolas (UNE) celebra en la Feria del Libro de Madrid una mesa redonda sobre "La promoción de la lectura en la Universidad las últimas décadas". Un asunto trascendente porque, aunque el número de estudiantes universitarios se ha multiplicado en los últimos treinta años, los índices de la lectura siguen sin crecer en la misma proporción. Por no mencionar el notable esfuerzo de las 52 Universidades reunidas en la UNE en la selección de nuevos títulos para acabar con el prejuicio de que sólo editaban obras para engordar currículos. Según sus últimos datos , en el pasado ejercicio se vendieron 2.296.449 libros, por los que facturaron 28.819.637 euros (un 30,2% más que en 2000). Catedráticos, bibliotecarios y responsables de los servicios de publicaciones universitarios toman la palabra y encienden el debate.

Hoy por la Universidad pasa casi la mitad de la población joven pero la realidad sigue tan impertinente como siempre, y las estadísticas confirman que, en general, los universitarios españoles no son grandes lectores. Hay quien, como José Antonio Gómez Hernández, profesor de Biblioteconomía de la Universidad de Murcia y director de Editum, se consuela afirmando que en realidad hay que "ampliar la concepción de lo que es lectura: leen cuando revisan y envían correo electrónico o mensajes de móvil, cuando usan Internet… Además, la lectura reflexiva de los libros literarios o de conocimiento, por placer o por aprender, también se practica más que antes en términos cuantitativos. El problema es que requiere más tiempo, concentración o aislamiento, y en la sociedad actual es difícil conseguirlo por el contexto de sobreabundancia de ofertas culturales, de ocio, de estímulos diversos de disfrute inmediato".

Lecturas fragmentadas
En cambio, Magdalena Polo, directora del Servicio de Publicaciones de la Universidad Autónoma de Barcelona y presidenta de la UNE, considera que sí, que los universitarios son "potenciales lectores que pasan a ser verdaderos lectores, en su mayoría, cuando dejan la universidad. Si prosiguen estudios de tercer ciclo, generalmente, pasan a ser habituales lectores. De todas maneras, sería conveniente distinguir los lectores de revistas, de los lectores de libros. En licenciaturas científico-técnicas se estimula principalmente la lectura de revistas, en las de humanidades la de capítulos de libros. Siempre se fragmenta la lectura en aras de la posmodernidad. Sería óptimo favorecer la lectura del libro entero, no de partes de un libro".

Por su parte, Javier Pérez Iglesias, bibliotecario de la Universidad Complutense de Madrid, destaca que con los estudiantes pasa lo mismo que con el resto de la población, y que "además, parece que las élites ilustradas, que en otro tiempo representaban el sector más intensamente lector, reducen su dedicación a la lectura". Y apunta al sistema educativo español como responsable: "El hecho de que la enseñanza universitaria se siga basando en tomar apuntes, aprenderlos de memoria y verterlos en un examen escrito, no ayuda demasiado a que se lea (algo más que los propios apuntes). Otro asunto es que en la universidad se lee, sobre todo, para aprobar una asignatura pero no hay mucho espacio para que los jóvenes entren en contacto con otro tipo de lectura más relacionada con el ocio. Lo cierto es que la mayor parte de la comunidad universitaria está más interesada en publicar y que les lean que en leer".

Y el problema, insiste Pérez Iglesias, es que hasta ahora se ha hecho muy poco: "Los estudiantes universitarios arrastran la lacra de una educación primaria y secundaria sin bibliotecas escolares. Llegan a la universidad, salvo los que han tenido otro aprendizaje en su medio familiar, con graves carencias a la hora de buscar, valorar y utilizar la información. Tanto los profesores como los bibliotecarios deben adoptar una actitud activa y solucionar esas carencias y desigualdades".

Porque, aunque "en nuestras universidades hay más clubes de lectura, encuentros con autores, revistas literarias on-line, prensa gratuita, bookscrossings, maratones de lectura, talleres de escritura, concursos literarios o jornadas literarias que nunca"(Gómez Hernández), "queda mucho por hacer" ( Polo).

Las posibilidades de la web
A la hora de apuntar soluciones también lo tienen claro: Gómez Hernández, por ejemplo, apuesta por "apoyar al lector a través de la socialización de la lectura: los clubes de lectura en la Universidad funcionan muy bien; aprovechar las posibilidades de la Web2.0, e integrar, sin enfrentar, lectura y red. Sobre todo, no transmitir mensajes culpabilizadores, victimistas o derrotistas sobre la lectura que no llevan a nada. Y también implicar más a las bibliotecas".

Magdalena Polo es más concreta todavía: "Implicar a los profesores como autenticos prescriptores del libro. Buscar a los mejores especialistas en los diferentes ambitos del conocimiento como autores. Abaratar mas el PVP de los libros implicando una asuncion por parte de los equipos de gobierno de las universidades del 100% de los proyectos editoriales universitarios". Las propuestas de Pérez Iglesias son"en primer lugar ponerles en contacto con buenas obras literarias. Que desde la propia biblioteca universitaria se ofrezcan, promociones y presten libros de literatura y ensayo no directamente relacionados con el currículo; que la lectura y la escritura formen parte del propio aprendizaje universitario. Que no se reduzca estudiar una carrera a ‘empollar' apuntes".

Y apuntilla Francisco Fernández-Beltrán, Director de Publicaciones de la Universidad Jaume I, que más que tres medidas concretas, "va a ser el propio proceso de Bolonia, en el que se haya inmersa la Universidad, el que favorezca una potenciación de los hábitos de lectura. El aprendizaje va a ser cada vez más autónomo, tutorizado evidentemente por el profesorado, pero en este proceso van a acrecentarse sin duda las lecturas individuales".

Se trata de aprovechar además las bibliotecas de las universidades como algo más que inmensas salas de estudios, algo que para Pérez Iglesias, desde su experiencia cotidiana, pasa por "cambiar el paradigma educativo que lo basa todo en los apuntes y el posterior examen. Es importante que los alumnos aprendan a manejar diferentes fuentes de información y a utilizar dicha información de manera ética y apropiada para convertirla en conocimiento. La mejor manera de que la biblioteca se utilice como un recurso para el aprendizaje y la investigación es que la docencia y la investigación vayan de la mano en la universidad".

Y para ello, nada mejor que seguir potenciando la edición universitaria. "Sí -confirma Fernández-Beltrán- Las universidades están haciendo un esfuerzo tremendo por prestigiar sus servicios editoriales y sus publicaciones y los resultados están a la vista. El cambio se ha dado en todos los niveles, desde la profesionalización de la gestión editorial hasta la mejora de los sistemas de selección de originales, pasando por el diseño gráfico de las cubiertas o la publicidad de los propios libros. La edición universitaria española se está haciendo merecedora del valor que en el mundo anglosajón tienen los libros acuñados bajo el sello de las University Press". Y Gómez Hernández apostilla que hoy "los libros universitarios tienen mejor diseño, son más agradables y legibles; se distribuyen y publicitan mejor (estamos en todas las Ferias del Libro del mundo a través de nuestra Unión)… Estamos haciendo un gran esfuerzo, porque los modos de comunicación científica están cambiando muy rápidamente y nos tenemos que legitimar por nuestra utilidad a la comunidad académica".

Por eso, y como resalta la doctora Polo, presidenta de la UNE, "asistimos a una revaloracion de las ediciones universitarias. El libro universitario está ya dentro del circuito comercial de libros, porque el nivel de los contenidos está garantizado a partir de los referees o informes de lectura que se llevan a cabo por especialistas de los diferentes ambitos de conocimiento y porque el calificativo de gris y demasiado academica de la edición universitaria ha cambiado en aras de una atención especial al diseño gráfico y al cuidado de los contenidos para públicos que van más allá del contexto universitario". A fin de cuentas se trata de eso, de que la sociedad conozca lo que se está creando en su universidad. Empezando por los estudiantes, claro está.

Nuria AZANCOT

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